Es un disfrute, como el nuestro al escucharlo, que contiene la tristeza sutil del paso del tiempo. Pero es un tristeza que empuja, no que frena. Es melancolía.
El nostálgico no podría hacer esto porque no solo se olvidó de lo que será, sino también de lo que es porque vive añorando lo que era.
este cargarse el tiempo en la espaldas, recordar para seguir, para volver a empezar, para superar límites,
En su último libro, Los enemigos íntimos de la democracia, el prestigioso intelectual Tzvetan Todorov, apunta que el mesianismo, el ultraliberalismo, la xenofobia y el populismo son los grandes retos a superar en las sociedades occidentales. Ante la amenaza de estos movimientos, que están en el seno mismo de la democracia, Todorov invita a la resistencia. Como lo hace mi amigo con su trabajo, debemos resistir a los embates y atropellos de este mundo desquiciado.
Para la mayoría de los habitantes de las sociedades contemporáneas, el optimismo no debe ser una meta sino un lugar de partida
Optimismo y entusiasmo se retroalimentan el uno al otro y cambian la constelación de las cosas.
Todorov, además de hablar de resistencia, habla de regeneración. Aquí ya no se trata de aguantar sino de reinventarse, de asumir que está en cada uno de nosotros resolver qué vida queremos vivir y qué mundo queremos construir y legar.
Todos los cambios empiezan por dos o tres que creen que no tienen voz. Por eso hay que cargarse el mundo al hombro.
Uno cambia, cambiando.
con que uno cambie, cambia todo.
Cada acto que hacemos tiene una inmensidad mayor de la que creemos.
La autoridad hace parte de la libertad, funciona cuando esta la opcion de desobedecer.
"Una generación no puede olvidar ese pasado pero tiene que decidirse a marcar su impronta, a dejar fluir su espontaneidad y entusiasmo, a creer que todo está aún por hacerse. Ése es el desafío y el mejor homenaje a las generaciones anteriores que hicieron historia. De lo contrario, se corre el riesgo de ser una generación apática, neutra, insulsa, olvidada"
El que tiene autoridad es aquel que ensena y hace crecer/aprender al otro. R.O.
Los sinceros creen que hay un puente perfecto entre su ser interior y lo que dicen. Pero la propia jactancia del sincero, su orgullo por expresarse en una manera directa, prueba que podría no haber dicho lo que dijo ni en la manera en que lo dijo. Entre el interior de una persona y lo que ella dice hay, siempre, un laberinto.
Las personas honestas son más silenciosas que las sinceras. Saben que hay cosas que es mejor no decirlas, preferible dejarlas pasar. Mejor para todos. Los sinceros han olvidado esa dimensión política y se preocupan más de decir un pensamiento que se les pasó por la mente, que del efecto que eso puede generar en quien lo escucha. Y ese error se paga caro: una sociedad plagada de sinceros es una sociedad que no se preocupa por el otro, sino sólo por decirle al otro lo primero que tiene en mente. Y muchas veces, mal que nos pese, no hay nada que decir. Silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario