miércoles, 6 de noviembre de 2019

MARCELA 2012-2017

Mamá.
Agradezco infinitamente a La Vida por haberte elegido como madre y porque tú me elegiste como hija.
A tu manera, con tus heridas y fortalezas, con tus aprendizajes pasados y futuros, siempre me brindaste amor, nunca me dejaste sola, me contuviste, me levantaste, me diste la mano, un beso y un chupetín. Esto es lo más lindo que una madre le puede dar a una hija, y por eso siempre diré que soy demasiado afortunada por la mamá que tengo a mi lado día a día.
Como hijos nos toca enojarnos, ponernos tristes, creer que lo que nos dice mama “no es así”, hasta que entendemos que las madres son el tesoro más grande del universo y que su pecho es el abrigo más seguro que tenemos.
Me diste muchas enseñanzas, me ayudaste a lograr muchas cosas, me mostraste otras, me contaste más y hoy en día estoy caminando sola con toda la mochila que me diste llena de regalos y amor. No tengo más que agradecerte y amarte por eso!
Hoy digo que soy la hija más orgullosa, feliz y plena porque tengo el mejor ejemplo de mujer fuerte, luchadora, de madre, esposa, hija, hermana, y abuela!
Gracias por tus mismos, rezongos, tus besos, abrazos, comidas, por arreglarme el cuarto, por cuidar la casita, por equivocarte, por brindarme un estudio, por guidarme, por ayudarme a crecer como mujer, por enseñarme a ser buena hermana, tía, amiga, y futura pareja (de alguien que ya vendrá jaja).
Te amo con todo mí Ser!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Dios me ha bendecido contigo y a todos los que te rodeamos por tener cerca tu amor.
Gracias por enseñarme tantas cosas, algunas como estas :
“Juntante con aquel(los) con el(los) que nunca te aburras de hablar, y con el(los) que siempre logres reirte!”. – Mamá
“La música es una caricia al alma”. - Mamá.
3.3.2015
Me llamo Ángela y como tú, tengo miedo.  Miedo a perderme, miedo a perderte. Miedo a equivocarme, miedo a no ser suficiente. Miedo a irme y miedo a volver.
Pero también tengo muchas fuerzas. Tengo gente que me rodea que me ayuda a seguir adelante, tengo un amor propio que cada día se hace más grande y que me da el coraje para agarrar fuertemente de la mano a La Vida y decirle que si quiero caminarla, volarla, correrla, gatearla.
**
Sábado, 20 de abril de 1963. Ya había terminado la guerra entre los países, pero había quedado una guerra entre nosotros, entre cada uno de los seres humanos que habíamos sobrevivido.
Cuando todo comenzó, yo era una joven comenzando a descubrir el mundo, aprendiendo a leer palabras universitarias, aprendiendo a vestirme para atraer a otros jóvenes de mi edad, entendiendo las normas sociales de los adultos, observando cada paso de los profesores más admirados, escuchando cada palabra que mis padres tenían para mi, susurrándole al cielo que me cuide y ayude a crecer con la mayor de las suertes. Pero luego me convirtieron en una joven a la cual las cámaras de gas le quitaron los padres y toda la familia entera, en una chica que terminó mirando el cielo para cambiar de pedido y rogar que éste cuide a sus seres queridos y que le de a ellos coraje para luchar contra los enemigos. Una joven que odió con todas sus fuerzas y que deseó el mal como nunca lo hubiera imaginado.
No hubo un solo día de aquella guerra, en el que no desease que el enemigo muriera, que les explotara los oídos de tanta maldad que tenían en su cerebro, que se les hinchara el corazón del odio y les sangrara hasta dejar de respirar, que les saliera el veneno que tenían en los ojos y ellos mismos se los tragaran, que se pinchasen los pies con las semillas sembradas por ellos de deshonra, humillación, asco, cobardía, miedo (escondido), (falso) poder…
Les desee tanto la muerte a ellos como a mi. Rezaba porque aquello terminase, que terminase con ellos enterrados de bajo del congelante suelo tapado de nieve.
Fantaseaba con ver a mi familia salir con vida de aquellos gigantes campos “de trabajo”; caminando, sonrientes, y con un millón de anécdotas para pasar de generación en generación. Eso no sucedió. No los vi mas. No les pude dar un ultimo abrazo. No logré besarlos por ultima vez. Nadie me brindó la oportunidad de que me dijeran unas ultimas palabras, ni tampoco me dejaron decirles dos palabras que seguí repitiendo hasta los últimos días de mi vida: te esperaré (por siempre).
**
Pasada la guerra volví a lo que luego fue mi casa. Un lugar desconocido para mi donde, en principio me decían, estaría a salvo. Así fue. Nadie mas me quiso lastimar estando ahí. Ya lo habían hecho demasiado.
Entré en aquel minúsculo lugar y me comenzaron a temblar las manos. Mi cuerpo se congeló y se me cortó la voz. Mi piel se erizó, se me llenaron los ojos de lágrimas. No sabia si era por felicidad de sentirme protegida después de tanto tiempo, o por la soledad en la que me encontraba. Pasé 5 meses sin hablar. Logré mantener mi silencio por tanto tiempo que me había olvidado como era mi voz cuando estaba enojada, cuando estaba feliz, cuando estaba resfriada, cuando estaba tentada o con dolor de panza. Ignoré a cualquier persona que tocase mi timbre durante esos primeros meses; nadie entró a aquel lugar. Conseguía comida una vez por semana al ir a la feria con un papel donde tenia anotado todo lo que necesitaba, se lo iba mostrando a cada vendedor y me entregaban la bolsa tras realizar mi pago. No hablé con nadie.
En esos tiempos me sentía desnuda, como si mi piel se estuviera cayendo y yo intentando pegármela con saliva. Sentía que todo aquello era irremediable. Rogaba cada mañana, tarde y noche que se me cayera la piel, los huesos, los sesos, las vísceras y todos los órganos para dejar de sufrir. No lograba mantenerme en pie dentro de mi propia casa. Era inconcebible vivir así. Me ahogaba con mi propia respiración, con mi mismo aliento.
Al cabo de varios años ya podía comunicarme con determinadas personas (los mercantes de la feria, el doctor del barrio, la costurera, y la vecina de enfrente).
Un 20 de abril me llegó una carta; nunca recibía nada, si no tenía familia en la Tierra que me pudiese escribir. Remitente: tu sobrina. País: Italia. Era inconcebible dicha situación. Mi familia había muerto, toda. Con las manos sudadas y los ojos abiertos como un cuerpo extirpado en clase de anatomía, tomé la carta con las dos manos y procuré abrirla. Pero en ese interín algo me detuvo y la dejé sobre la mesa; el miedo era mas fuerte que yo. Por 15 dias la carta quedo intacta, llenándose de polvo sobre la madera del estar.
Vuelve a sonar la puerta de mi casa y era el cartero preguntándome si deseaba enviar alguna carta como respuesta ya que (sin yo haberme percatado) la carta decía “RSVP-urgente”. Con un gesto muy sutil le expliqué que aún no la había abierto, que me disculpase la demora pero que el emisor debía seguir esperando. Así como cerré la puerta, corrí al comedor y me quedé mirando el sobre por un par de segundos. Con el impulso que corría por mi sangre y manos, abrí el papel y comencé a leer, palabra por palabra mientras corría por mi piel, gotas enormes de alegría, emoción, cuestionamiento, enojo, intriga, y amor.
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Un día de invierno, de esos en los que se te congela el pelo y las pestañas, en los que tus labios quedan completamente morados, y te cuesta caminar y exhalar, perdí a mi sobrina Marina. Ella me soltó la mano para ver que estaba sucediendo detrás de un muro de madera que lindaba con un Ghetto y cuando volteo para buscarla, la perdí de vista para siempre.
**
Comencé a leer aquella carta escrita a mano. Una letra tan hermosa y curva que me hacía lagrimear. Nos habíamos vuelto a encontrar. Con ella. Sí, con ella. Yo. Ella. Yo y ella. Nos volvíamos a hablar.
5/9/2015
Hola, nos volvemos a encontrar. Vuelvo a tocar tu mano húmeda, vuelvo a besar tus labios frescos, vuelvo a ver tus ojos brillar, volvemos a bailar. Cómo me olvido de eso cuando estamos lejos. Me enredo entre miedos, confusiones, pensamientos, y dejo de lado lo mucho que te amo y extraño.
Volver a verte es como volver a despertar. Me das fuerzas para generar cambios, para construir nuevos futuros; para pedir deseos al Universo. Me ayudás a construir.
Cada vez que te recuerdo mi corazón se emociona, mi sonrisa se esboza, de mi corazón sale un chorro de luz radiante.
Cuántas ganas tengo de abrazarte, de tomarte de la mano y caminar horas por el parque, con los pies descalzos y sin parar de hablar. Me hacen faltas tus abrazos, el coraje que recibo cuando me toca uno de esos; el amor que sabés transmitirme con solo tocarme. Quisiera poder mirarte a los ojos, reírnos, y decirte que te amo con el Alma; pero te tengo lejos, tan lejos que ni siquiera podemos comunicarnos tecnológicamente. Espero escuches estas palabras, que te acuerdes de mí y me respondas esta carta a nivel telepático.
Rezo todos los días por mí, por ti, por nosotros. Ya llegará el día en el que nos reencontremos para no des-acompañarnos jamás. Pronto vendrá. Ambos lo deseamos.
Mientras, yo seguiré creciendo, aprendiendo y fortaleciéndome. Haz tú lo mismo, que nos tocaremos nuevamente y para siempre, desde en otro lugar.  
Gracias por amarme, cuidarme, entregarte, protegerme, y siempre demostrarme tu cariño.
Sé que siempre te tendré a mi lado, esté donde esté. Porque la unión de Almas tan conectadas, es sagrada. Nunca se suelta. Es un hilo de oro, de corazón a corazón.
Te amo S.
Crónica de una depresión. – VICTORIA ANheladA.
Hay una mochila cargada de historias, de anécdotas, de dolores y tristeza, de algunas alegrías y amores. Hay una mochila que no es mía pero la llevo conmigo al hombro como si acarrearla ayudase a los que quiero. Me perjudico con esta ayuda dependiente, te lastimo si te despojo de tu propia mochila.
Mi frasco es solo mío y solo yo lo podre llenar. Tu frasco te pertenece y nadie más que tu podrá abrirlo.
Entonces, llega ese momento en el que perdemos el Norte, no encontramos nuestro centro, solo vemos lo gris y pesado que nos invade. No vemos la luz, no vemos NUESTRA luz. Esto duele, duele tanto que nuestra cabeza no para. No para de moverse, no deja de sonar, no cesa su circularidad. Atomiza, lastima, corta, cansa, desgasta, hasta que explota. Explosión dentro mío, explosión de mi corazón, de mi ser, de mi cabeza, de mi vida.
Quiero escapar, no volver más. Necesito paz, necesito salir de mí y no volver a entrar. No consigo como hacerlo y me olvido de lo que me rodea. Dejo de pensar en los otros para así, por primera vez, pensar en mí. Pero ahora para autodestruirme no para rescatarme.
Ayude a tantos a salvarse que ya me olvide como hacerlo conmigo. No sé desde donde pararme, hacia donde mirar. Delante mío solo tengo una puerta negra que si la abro me dirigirá al paraíso fuera de este mundo, a un cielo donde flotare sin girar ni marearme.
Me olvido de mirar a los costados. No tengo fuerzas para mover la cabeza y observar que tengo otras opciones escritas en carteles gigantes que exclaman mi nombre.
Intento atravesar la puerta. Hay algo que desconocía en mí que me lo impide. Una fuerza mayor. Un ángel que me protege y que me empuja de vuelta a mi cama.
Abro los ojos y me encuentro con ellos. Los que elegí para compartir mi vida. Todos ahí, esperándome. Todos extrañándome.
Estoy perdida, creí que estaba del otro lado explorando un mundo nuevo. Y aquí estoy, de nuevo en el mismo lugar, empezando otra vez…
4 setiembre. Antonia Luna.
Cuando cambiamos,  algo cambia. Cuando movemos, todo se mueve. Así fue como decidí cambiar. Ponerle un fin a esta historia.
No había más vueltas que darle. No había más juego que seguir, era hora de parar el cronometro y dejar la fantasía de lado. Solo iba a existir el presente entre nosotros, esos segundos en los cuales nos miráramos a los ojos; durante los otros días, no habría nada más.
La historia se cerraba; el ciclo se cumplía. Todo comenzó un día a partir de un sueño, todo termino un día a partir de un sueño. Y esta es mi despedida. Te digo adiós y gracias.
Esquivé mirarme al espejo y enfrentarme con mis mayores miedos. Preferí quedarme en fantasías y suposiciones que vivir el vacío del presente. Opté por pensar en vos y esquivar pensar en nada, pensar en mí. Evité mis problemas de fondo por distraerme con agrandar tu figura.
Hoy ya le digo adiós a todo eso. Hoy miro aquello como un sentimiento hermoso que me ayudó a enfrentarme al amor, a decirle “hola, te quiero en mi vida” en la cara. Pero también me ayudó a no encararlo, a que eso sólo quedara en mi mente.
Es momento de cortar un ciclo para empezar otro. Es momento de sacarle peso a tu imagen para depositarle energía a lo que realmente importa.
Desde que te conocí aprendí lo que no había aprendido en 23 años. Crecí. Te amé por lo que sos. Te amé sin los prejuicios de MI sociedad. Te acepté sin condiciones. Crecí. Transité de niña a mujer.
No más mascaras. No más personajes. No más ilusiones. No más “debés”.
Suenan las campanas de la autenticidad, de la honestidad, del desapego, de la paciencia, de la aceptación, la tolerancia, el interés, del SOLTAR.
Será necesario dejar la regla milimetrada (de la mente, el amor y la esperanza) y usar la LIVIANDAD para medir lo que sucede.
Late mi corazón fuerte al pedirme que no ESPERE más. Esperar es posponer lo importante. ESPERAR ES VIVIR LA FELICIDAD EN CUOTAS. Esperar es dejar el presente. Sentarme a esperar es dejar de luchar por el amor.
Entonces, ya se acabó este ciclo. Me paro frente a frente a mi Miedo y  le digo que no tengo problema de encararlo. Tengo el coraje suficiente para sacarte de mi cabeza, de mis fantasías, de mis presentes y así, ocuparme de lo que realmente debo (de lo que verdaderamente me estruja las viseras por miedo).
Acepto que no podés darme NADA y esa nada dice mucho. Ese desinterés, ese olvido, ese “no me importás”, ese “sos una más”, me muestra TODO. No necesito más para cerrar y decirte que hasta acá dejé de posponerME.
Todo el amor que te di a distancia en este tiempo da como fruto al hijo que se formó en mi vientre. Hijo que está buscando locamente, con fuerzas y amor, a su padre. Padre que se está preparando para encontrarse con la mamá y amarla hasta el infinito de los tiempos. Por tanto, no fueron 9 meses ‘desperdiciados’. Ayudé a crecer (dentro de mí) al bebé llamado: Amor, Coraje, Paz Interior, Centralidad, Paciencia, Aceptación, Belleza Interna, Visualización, Pureza, Transparencia. Ahora es momento de dar a luz.
El amor nunca es en vano.
Aceptaré la situación. Aceptaré que no quiero aprender lo que tenés para darme aquí y ahora. Aceptaré que no te debo arrastrar a que aprendas lo que yo quiero. Y con esto entenderé, algo entenderé; entenderé que esto así se terminó.
Si, el amor está. Lo dictamina el corazón. Pero la proyección futura se elimina. “Qué pasará después?” será una incógnita que, quién sabe si se responderá alguna vez?
Atrás quedan los terceros, atrás queda la opinión de los demás, atrás dejo todo lo que esté relacionado contigo. Atrás lo dejo. Atrás te dejo.
Adelante dejo mis aprendizajes.
No más engaños. No más mentiras. No más falsedades ni máscaras. No más dolor!
Soy un ser humano y tengo limitaciones. Acepto mis limitaciones y te digo que no puedo dar más de lo que soy. No podré dar (te) lo que no tengo. No quiero que me des lo que no tenés.
Tengo una niña adentro y una mujer hermosa, también. Soy una niña mimada, soy una vieja ordenada. Soy una pequeña sensible y jodona. Soy una señora rezongona. Soy una adolescente dulce, cariñosa, romántica  y soñadora. Soy una adulta inteligente, creadora, artística, trabajadora y comunicadora. Tengo mis miedos, mis inseguridades, y muchas fortalezas. No sé fingir cuando algo me duele, cuando algo no me gusta o me asusta, tampoco logro disimular si algo me encanta ni cuando amo. Me cuesta mentir. Me da miedo que me lastimen y por eso desconfío. Todo esto traigo, y solo esto tengo para dar; ni mas, ni menos.
Decido tener una relación verdadera, completa de amor, sin engaños. No elijo más esta falsedad. No elijo más estas heridas provenientes del Ego. No elijo más al Ego. No elijo más las apariencias ni las mentiras. No te/me elijo más ASI!! Elijo la VERDAD!
Te querré por siempre pero ahora digo “punto y aparte”. Nuevo título. Nueva historia. Nuevo ciclo.
Con infinito amor, adiós. 
Libertad (es opcional).
Juli,
            Quizás hoy no comprendas esto pero dentro de unos años me sentiré satisfecho porque estas palabras te harán tomar la determinación de saltar del árbol sin mirar atrás.
Es complicado despegarse de la madeja, salir del nido en donde te sentís cómodo, calentito, pegado. Salir al mundo con tus propias alas que se están haciendo fuertes, creer en que tendrás fuerzas para afrontar lo que la vida te ponga de frente, buscar compañeros de camino en los cuales confiar ciegamente, despegarte de tu pasado, mirar tu presente y soñar un futuro, son algunos de los sentimientos que surgen cuando crecemos emocionalmente.
            Es incomprensible para un ave madre soltar a su gorrión, es difícil verlo crecer y convertirse en halcón. Con el correr de los años los pichoncitos van aprendiendo cómo es la vida fuera del nido, cómo se siente elegir uno mismo la familia (amigos), qué implica el valor de la economía, qué es tener pensamientos diferentes (hasta opuestos) a los de la familia de origen, qué es sentir por uno mismo sin los lentes de los papás, qué significa luchar por la propia libertad, independencia, y autenticidad. Aunque nos dieron absolutamente todo lo que tuvieron a su alcance para que seamos felices, no siempre nos dan lo que necesitamos y eso lo aprendemos a encontrar de grandes, después de muchas luchas internas y externas (de todas formas siempre les estaremos agradecidos).
De a poco obtenemos fuerzas para mirarnos al espejo, sonreírnos, mirar nuestras alas, mirar el mapa, trazar un rumbo, y decidir emprenderlo solos. Nuestros padres no lo entienden, sienten que es en contra de ellos, que los queremos herir, que algo mal hicieron, que no somos felices con ellos, ahí es donde, desde el amor, volvemos a mimar nuestra alma, respirar profundo y exhalar un gran “gracias por todo, pero ahora quiero , puedo y tengo que volar solo”.
Entonces, salimos a buscar nuestra carrera con decisión, seguimos nuestros deseos, elegimos qué queremos para nosotros y qué no según nuestras ideas… Nos enamoramos todos los días de nosotros mismos porque logramos mirarnos con ojos de amor y no críticos, buscamos lo que nos hace sentirnos vivos, hacemos lo que disfrutamos, trabajamos de lo que no nos hace trabajar, lloramos de lo que sentimos que debemos, reímos de lo que creemos que es gracioso, y opinamos lo que nos parece. Dejamos de lado aquello que no compartimos con nuestra familia, tomamos aquello que sí queremos seguir conservando, amamos lo que sentimos amar, manifestamos nuestra espiritualidad como nuestra fe nos dictamina, nos conectamos con la naturaleza como nuestro cuerpo puede y desea. Compramos nuevos lentes, comenzamos a escribir nuestra propia historia.
Se caen las murallas construidas para que no nos perdamos, para mantenernos seguros y protegidos, vemos la luz y el cielo completamente desde otro lugar, miramos el mundo con otros ojos. Salimos. Es todo nuevo, sentimos algo de miedo pero la libertad de desobedecer desde lo seguro es un sentimiento inexplicablemente hermoso. Empezar a llenar nuestra mochila y cargar solo esa porque la de nuestros padres la dejamos en su casa sin remordimiento, es una alegría insaciable. Respirar nuestro aire hace que el corazón lata fuerte hasta galopar.
Desde aquí nos podemos parar, agradecer, amar y sin mirar para atrás, construir nuestra propia madeja.
Esto es crecer.
 Querer formar nuestra familia, encontrar la pareja, elegir de qué arte trabajar, cambiar, sufrir, fortalecernos, luchar, trasgredir, amar, conocer, viajar, opinar, sentir, elegir. Bailar según nuestro ritmo, movernos al compás de nuestras alas, oler según nuestras especias, hablar según nuestra música.  
Pero, siempre hay un pero, no te vayas de casa enojada. El día que decidas irte, espero estén sanadas todas las heridas con papá y mamá, cuando abandones el hogar deben estar todas las deudas pagas si no esto te seguirá por siempre como un punto de tristeza dentro de ti.
A veces nuestros padres no logran darnos la aceptación incondicional que uno necesita, por sus propias exigencias, vida, experiencias nos cargan con una maleta llena de bagaje suyo y nosotros creemos que es nuestra responsabilidad acarrear con la misma, y no! No lo es! Y eso debemos de entenderlo, asumirlo y hablarlo. Y, por más que nos acepten con condiciones, sabemos que hay otras personas allá afuera que nos miran distinto. Así que sal a buscar a esos seres que irán a tu lado sin importar quién o como seas. Tus padres lo hicieron a su manera, ilumínate con los que lo hagan a tu manera.
Ahí si podrás decir “Papá y Mamá gracias por traerme al mundo y mostrármelo. Ya tengo mis flores y pinchos para salir al campo de batalla, lo puedo hacer sola, despacio pero sola”.
-       Carta de Fernando (hermano mayor) a Julieta (hermana menor) el día de su despedida. Manta, Ecuador.  
Almas gemelas
Setiembre 1986, ella llegaba a aquel lugar donde se refugiaban los cubanos; aquella inmensidad  totalmente desconocida y diferente en comparación a su ciudad natal. Con la compañía de su familia, C. pisó las tierras Estadounidenses.
Noviembre de 1996, partía él rumbo al primer mundo, hacia aquella fascinante cuidad de M., sin saber que, entre esas calles se encontraría con la persona que cambiaría su vida para siempre.
K. se llamaba el lugar que los juntaría a ambos.
Empezaron las clases.
Ella ya estaba acostumbrada al sistema norteamericano, sabía cómo funcionaban las cosas, cómo se manejaban entre las personas, tenía su grupo de amigos, era “una gringa más”.
Él, sin embargo, no tenía idea de qué se trataba todo aquello. Todo era una novedad: los edificios, los autos, las casas, la gente, el idioma, la comida, incluso el sistema educativo. Tuvo que lidiar con todo esto para poder adaptarse. De a poco, mientras se iba enfrentando a todos estos obstáculos que te pone la vida para crecer cada día más, él fue encontrando su lugar. Así es como, ya más adentrado en esa cultura, se abrió a conocer gente, a hacer amigos, a integrar un equipo de fútbol. Incluso, abrió su corazón para enamorarse de la futura madre de sus hijos.
Un día pues, dos adolescentes de 17 años se conocieron. La chica jugaba al volleyball con la camiseta número 23 y el cumpleaños de él era en esa fecha. Ella cumplía un 14 y éste era, causalmente, el número favorito del muchacho.  Un 6 de enero se ennoviaron y desde ahí nunca más se separaron. Error, nunca más se distanciaron.
Noviembre del 1998, él se tuvo que volver a su país y ella se quedó en EEUU para continuar con sus estudios. Pero como dicen por ahí, “el amor es más fuerte”. Mantuvieron la relación a distancia más larga que he vivenciado: 8 años de amor separados por miles de Km de distancia. A pesar de todo, lograron pasar, saltar, patear, tropezarse con todas las piedras del camino para, finalmente, reencontrarse. Noches en vela chateando, escribiéndose mails; pasaron por toda la era de las telecomunicaciones. Ellos sí pueden contar sobre los chats, msn, skype, sms, llamadas a larga distancia, y un largo etcétera. Expertos en el tema. Pero sin ésto, su amor hubiera quedado en largas cartas escritas a mano, como en los viejos tiempos. No pongo en duda que hubiera funcionado igual.
Luego de estar tanto tiempo separados, viéndose dos o tres veces por año, él se graduó y decidieron casarse.
Octubre del 2007, para sellar su inmenso amor eligieron casarse en dos países: el de él y el de ella. Civil y fiesta en M; iglesia y fiesta en Q.
Desde entonces, se fueron a vivir lejos para así, recorrer un nuevo camino. Por primera vez estaban juntos en la misma ciudad. Solos ante un mundo (casi) desconocido, con muchas batallas (unas más fáciles, otras no tanto) por delante. Lo único que los salvo para seguir adelante, crecer y formar una familia llena de luz, fue su amor.
Noviembre 2008, nació un ángel en persona, A. Un ser de luz que con sólo escuchar su risa te llena el alma y hace llorar. Una criatura tan hermosa que haría feliz a cualquier persona que estuviera con ella. Si, ésta fue su primera hija. No habría que esperar menos de un amor tan fuerte y hermoso. Evidentemente nacería una niña pura, mágica y angelical.
Julio 2012, vino al mundo su segundo hijo, B. Del hebreo, es aquel que representa la fuerza o virtud. Es un príncipe azul, travieso, varonil, torpe, pero lleno de risas, dulzura y una sana picardía. Al igual que su hermana, es capaz de sacarte una sonrisa con una simple mirada de luz. Un hombrecito bañado en bendiciones.
Dos hijos, su casita, sus trabajos, naturaleza, amor, mucho, mucho amor, es lo único que necesita esta feliz y hermosa familia cada día para seguir adelante llenando de luz su entorno y haciéndolo vibrar con alegría.
- Historia de C y A. Una parte dividida en dos.
Amor eterno.
Querida hija:
Te enamorarás de un hombre y lo querrás hasta la muerte pero tendrás muchos amores desperdigados por el mundo que no los olvidarás jamás y te llenarán el alma cada vez que los recuerdes.
Esta es la historia de uno de ellos.
Pequeña, inocente, temerosa te conoció. No sabías lo que era amar. Amar de verdad. Nunca habías sentido nada similar y nunca te habías detenido a observarlo en tu entorno. De todas formas, muy lentamente, te atreviste a intentarlo y, amaste. Como una adolescente con su primer amor. Feliz. Todo era perfecto. Eran cómplices, confidentes, se sentían cómodos, se apoyaban, ayudaban, crecían juntos. Estuvieron acompañándose tras varias dificultades, vencieron las batallas en el camino; a pesar de lo que decían los de afuera, se mantuvieron uno al lado del otro en toda circunstancia y lo disfrutaban.
Era hermoso verlos juntos: jóvenes, enamorados, radiantes, enérgicos, iluminados aunque con muchísimo miedo.
Pero, un día todo cambió. Te tenías que ir muy lejos de esa ciudad y además, por mucho tiempo. Qué harían? Sólo había dos opciones: seguir o dejar. Ambas tenían sus pros y sus contras.
Seguir: eran muy jóvenes para luchar por un amor a distancia tanto tiempo, estaban dispuestos? Pero se amaban. Tú querías seguir aunque nunca se lo planteaste, que hubiera sucedido si se lo hubieras dicho? Habría cambiado el curso de sus vidas?
La otra opción era dejar: era más fácil y práctico. Con mucho miedo de por medio pero con la esperanza de que al pasar los años volverían a juntarse, optaron por esta opción.
Sufriste mucho en silencio; él también. Se pusieron un escudo que no les permitió volver a unirse jamás. No querías enfrentarte a tal dolor de vuelta así que te transformaste en una joven defensiva, insegura; no luchaste más por amor, desconfiaste de lo que sentías y dejaste todo tirado por tus miedos. Te carcomieron los fantasmas de la indecisión, del no-arriesgarse, del no-coraje, del sufrimiento. Por esto, te encargaste de buscar a todos los hombres del mundo que te fueran a lastimar, que no iban a luchar por ti, te encargaste de conformarte con lo primero que encontraste en vez de elegir aquel que te llenara el alma de amor, que te conquistara, que te moviera tus parámetros y te hiciera vivir algo diferente. Precisaste sufrir por dependencia, apego, impaciencia, intolerancia, en vez de esperar y elegir el amor verdadero.
Esto no es un reproche.
En este camino aprendiste demasiado. Entendiste el valor de la intuición, de la percepción. Aprendiste la importancia del amor propio, de la auto-valoración, de la comunicación asertiva, de expresarte, de seguir tus propios deseos, de respetarte primero antes que nada, de dejar de lado la opinión de los demás, de dejar por fuera los juicios de los otros. Aprendiste a dejar la ansiedad por fuera de toda relación. Comprendiste lo que es sentir en tu cuerpo el amor. Lograste mantenerte firme a lo que sos y crees. Comprendiste que no todos te querrán pero que es importante confiar en los demás y siempre dar lo que esté a nuestro alcance. Hiciste lo imposible para dejar fluir las situaciones y para tomar buenas decisiones basadas en la confianza en ti misma. Aceptaste a los demás sin intentar cambiarlos; por primera vez, los toleraste como eran.
Creciste como nadie y eso no tiene precio.
Gracias a todos estos aprendizajes te acercaste al amor desde otro lugar, de forma inocente, llena da paz interior.
Asimismo, tomaste al amor como forma de compartir; y no sólo con tu pareja, con tu familia y amigos también.
Agradezco a la vida por todas estas piedras que puso en tu camino y también por darte la fuerza para superar cada obstáculo.
Ahora es momento de elegir, hija. Evaluá, ponete metas, observá, sentí, optá. Volve a recuperar tu infinita sensibilidad, tu confianza en lo que sentís, tu fuego interior.
Te amaré por siempre,
Mamá.
-        Carta de una madre a su hija, Rafaela. Argentina, 1975.
Preguntas a Sabios
-       Papá, contame cuál es tu aprendizaje después de 60 años de vida?
Se tolerante. Contigo y con todos.
-       Y el tuyo, mamá?
Es importante tener la capacidad de vivir y de disfrutar.
Además, la madre es el sostén de la casa, nunca te olvides de esto, hija. Si vos estás feliz, transmitirás felicidad. Si estás triste, tus hijos estarán igual.
Sin embargo, como mamá, siempre debemos transmitir una imagen positiva del hombre de la familia, del papá. Es esencial para nuestros hijos.
-       Hermano, si tuvieras que decirme algo para tener siempre presente en el correr de mi vida?
Nunca te rindas. Actuá. Peleá siempre hasta el final. Soñá. Pero recordá también que la paciencia siempre te dará sus frutos.
-       Hermana, después de tener hijos y  varios años de amor -a distancia-, que aprendizaje me darías?
Se segura de ti misma. Vive el momento. Esto te llevará a la felicidad. No te ahogues pensando en el pasado ni en el futuro. Vive el presente. Te dará menos ansiedad y más felicidad. De esta manera, podrás contagiar la felicidad a los otros. Eso es hermoso. Uno de los regalos más lindos que podes dar. Aunque no uses palabras, los demás sentirán tu energía a través de los hechos y por tus actitudes. La felicidad es contagiosa! Contagia! 
-       Abuelo, qué consejo de vida me das con 80 años?
Querida mía, siempre se honesta, es lo más importante ante todo. Además, utiliza una herramienta que todos tenemos pero que la dejamos de lado subestimandola: el sentido común.


-       Abuela sabia, qué debería tener en cuenta a la hora de formar una pareja?
Hija hay cosas que son claves y me gustaría que siempre tengas presente al elegir una pareja:
Debe de haber Respeto siempre! Sin esto nada funcionara.
Por sobre todo el Amor que se tengan, recuerden la importancia de la Independencia Afectiva para así no asfixiarse, ahogarse, dándose espacio y siendo Libres Con el Otro.
Acepta a tu pareja tal cual es, no la busques cambiar. Te deben de gustar sus defectos y virtudes, sus aprendizajes como aquello que le falta por aprender (si no te gusta así, no es para ti).
Junto con esto, esta la Tolerancia agarrada de la mano de la Paciencia. Es imprescindible dejar Fluir, no forzar las cosas, esperar a que se den, no imponer ideas, valores, aprendizajes;  tener Fuerzas para Esperar: Esperanza. Confiar en La Vida; Confiar. Se Paciente.
Unidos, Intenten, Luchen, nunca se den por vencidos que, “el que no arriesga, no gana”.
Así cómo tu procurarás Recibir mucho amor de parte de tu pareja, ten presente que deberás Dar lo mismo o más aún (sin reclamar sino de corazón, por amor). Recuerda que el Amor Compasivo es sano y que Perdonar y Olvidar te ayudará a dar sin esperar nada a cambio: esto es mágico y te llena el alma de paz y luz.
Aprendan y busquen a lo largo de toda la relación el Compartir, esto los hará crecer constantemente como pareja.
Encuentren la Comprensión a través la Comunicación Asertiva. Es imprescindible que hablen de todo en el momento preciso (sin precipitarse, sin posponer), pero nunca dejen de hacerlo desde el Amor y el Respeto. No se guarden nada, no acumulen celos, enojos, molestias. Esto puede ocurrir y es sano en la medida que se lo digan al otro y que juntos encuentren el camino de la reconciliación, del sanar, del avanzar, dejando en todo momento el Orgullo de lado!
Además, sepan Perdonarse, por favor!!!  Esto les dará Equilibrio y les permitirá Soltar sin rencor.
Empaticen con su pareja, sean Compasivos. Ponganse en los pies del otro, entiendan y comprendan cómo, por qué, y para qué sienten lo que sienten y hacen los que hacen. No es justificar, es Comprender.
Con esto, Confíen en el otro!!
Valorense a ustedes mismos primero. Desde que tu, nieta mía, te dejes de valorar y mirar permitirás que tu pareja haga lo mismo contigo. Antes que nada, Amor Propio para lograr amar Sana y Profundamente al otro.
Contenganse en cada circunstancia, en cada tristeza, alegría, confrontación, cuando estén perdidos: siempre.
Sostenganse, es la base para que la energía del amor crezca cada día más.
Será muy importante que se Rían siempre juntos. La Diversión les dará un sabor especial a la relación.
Busquen Viajar lo más que puedan. En cada oportunidad. Los hará crecer y maravillarse, teniendo más anécdotas para disfrutar y revivir.
Mirense a los Ojos al hablar. Y, cuando estén discutiendo o enojados hagan lo mismo mientras se toman de las manos!! El tema de la pelea dejara de tener importancia.
Escoge, entonces, a alguien con el que no te aburras de Conversar. El hablar por horas, fascinados los ayudara a mantener viva la llama del amor.
Aspiren a tener Armonía y Paz Interior tanto en ustedes mismos como en la pareja.
Pónganse Límites mutuamente que sí es con amor los hará crecer, respetarse y valorarse, y los Unirá cada vez más.
Y finalmente mi amor, nunca pero nunca, en todo el tiempo que esten juntos, por más enojados , tristes, celosos, peleados que estén, se vayan a la cama sin darse un beso. Estén juntos físicamente o no, siempre saludense deseando despertarse con fuerzas para afrontar La Vida juntos y con un mejor porvenir.
- Tío, qué tenés para enseñarme?
Habla desde el amor cuando quieras expresar algo o decir tu opinión. La gente te escuchará si tus palabras vienen desde la bondad y compasión antes de que si son emitidas desde la agresividad o autoritarismo.
- Preguntas de una joven curiosa por vivir. 
Escucho cuentos de amor.
Era invierno, ya hacía frío en Carolina del Norte. No había muchas actividades para realizar al aire libre sin que el aire seco y helado penetrase tu piel y lo sintieses hasta que tocase tus huesos. Por esto, decidí ir en búsqueda de un nuevo sueño.
Era el día número diez que me sentaba en la misma mesa de aquel café. Veía gente entrar y salir, pedir un café e irse, comprar una galletita y sentarse a leer un libro por horas, otras se inspiraban al mirar su taza y dibujaban o escribían; veía muchas cosas dentro de esas cuatro paredes. Aunque, lo que no veían los demás era el cartel que había puesto en mi mesa. No me inquietaba, yo sabía que alguien lo iba a ver algún día y se iba a animar a acercarse.◇
Pasaron dos meses y sólo había conseguido escuchar catorce historias de amor. De las miles de personas que entraron en ese lugar, solo catorce se atrevieron a venir a mí y relatarme su apasionante experiencia. Mientras los escuchaba, yo tomaba nota y escribía los puntos más relevantes para luego pasarlos en limpio. Quería armar un libro con, al menos, cincuenta historias apasionantes de todas partes del mundo. Me intrigaba escuchar cómo había surgido el amor, que había pasado para que se terminara o para que continuara, me interesaba mucho sentir la emoción en cada relato, era fascinante ver como las catorce personas que me contaron su historia se sensibilizaban al hablar, lloraban, se reían, se tocaban el pecho, se agarraban la cabeza; siempre terminaban con una sonrisa o una lágrima abrazándome y agradeciendome por haberlos escuchado y, por simplemente encenderles, de alguna manera,  la llama de la esperanza para seguir creyendo y luchando por el amor.
◇
Ya no hacía tanto frío, y se veían los pimpollos de las flores a punto de nacer. El sol iluminaba la ciudad y la gente compraba su alimento y se quedaba sentada en las mesas de afuera para disfrutar del aire fresco de la primavera que se asomaba. Recién había llegado al café y sabía, por intuición, que ese día iba a escuchar una hermosa historia; y así fue.
Apenas entró la vi. Era una chica alta, pelo castaño, vestía un jean oscuro y un buzo largo a lunares de colores, con botas rojas. Sólo podía ver su perfil y eso bastó para ver la belleza de su rostro. Estuvo unos segundos mirando la cartelera con la lista de bebidas y alimentos y finalmente se pidió un té. La observé desde que entró ya que me llamó la atención el hecho que sólo cargara consigo un cuaderno, bastante usado, y una lapicera; será escritora?, me pregunté. Era muy joven. Capaz una principiante. Al recibir su pedido, le agradeció al muchacho detrás del mostrador con una sonrisa radiante. Emanaba luz. Ella, ella, ella! quería que me contara su historia, ella! Pero así como llegó, buscó lugar detenidamente, tal como lo había hecho al elegir su pedido, y se sentó. Estuvo intentando escribir por unos veinte minutos, parecería que había logrado garabatear algo. Yo no dejaba de contemplarla, quería llamarla con mi mirada, hasta que lo logré. En un momento, supongo que para descansar la vista de tanto escribir e inspirarse, levantó la mirada y vio mi cartel: “Tengo un sueño: escuchar historias de amor. Contame la tuya!”. Lo contempló por un instante y vio que yo la estaba mirando, le sonreí y me devolvió el gesto. Creí que se iba a acercar en ese instante pero no lo hizo. Siguió escribiendo aunque ya de manera más inquieta, se veía que tachaba más, miraba reiteradas veces para todos lados, ya no lograba concentrarse profundamente. Así que al rato se paró y se dispuso a retirarse del lugar, frustrada de que no había podido continuar con su manuscrito. Antes de salir volvió a observar mi cartel, miró hacia todos lados, le volví a sonreír, y se acercó tímidamente. Sus ojos me deslumbraron, brillaban como nunca. Tímida pero segura con lo que tenía para contar se sentó en la silla frente a mí y me preguntó, “Puedo?”, “Sí, claro, para eso está”, le respondí.
Como era muy pequeña, 23 años, tenía muchas preguntas antes de lanzarse al abismo y contarle su historia de amor a un desconocido. Me cuestionó por qué estaba haciendo lo que hacía, cuántas historias había escuchado, cómo se me había ocurrido tal idea, incluso me preguntó acerca de la confidencialidad que mantendría para con su relato. Después de responder a todas sus incertidumbres, procedió a narrar su aventura amorosa.
-       Bueno, no sé bien por dónde empezar pero te voy contando cómo se dieron los hechos, me dijo.
Estuve de novia por un año y medio y hacía exactamente la misma cantidad de tiempo que había dejado con ese chico.
-       Es él el protagonista de la historia?, pregunté adelantándome a sus palabras.
-       No, no. Yo estaba de novia y me tuve que ir del país así que dejé con él. Sufrí mucho, sabías? Mucho, pero en silencio. Me fui a vivir a un país cerca de aquí donde no tenía ningún pecho para recostarme y llorar por él, no tenía a nadie a quien decirle que lo extrañaba ni tampoco tenía a alguien que me diera un abrazo de consuelo. Así que crecí y sobrelleve sola ese dolor. No creía poder encontrar a alguien igual que él. Lucas había sido especial, mi primer beso, mi primer novio, mi primer amante, mi primer amor: mi primer todo.
-       De esos amores que siempre los recordarás con una sonrisa, pensé en voz alta.
-       Sí, pero ahora que ya pasaron más de 6 años, poco me acuerdo de lo vivido con Lucas más que alguna que otra anécdota. Del que si me acuerdo es de Mateo, y es del él del cual te quiero hablar.
-       Te escucho, afirmé.
-       Por esas épocas, rondaba por mi mente un chico que  poca atención me prestaba  pero bueno, siempre tenía que tener a alguien en la vuelta sino me aburría, dijo riéndose.
Era verano y ya tenía un grupo de amigas internacionales. Una de ellas me había invitado a ir a hacer rafting, nunca había practicado ningún deporte de tal índole pero me divertía el sólo pensarlo, así que acepté su propuesta. La idea era ir un domingo de mañana, juntarnos en una estación del subte, tomarnos un ómnibus y llegar al lugar. En el correr de la semana me había olvidado por completo de nuestra actividad, hasta el sábado de noche que me escribió mi amiga. Estaba feo el clima así que le dije que tenía pocas ganas de ir, que no me entusiasmaba andar por el agua y todavía mojarme por las gotas que caían del cielo. Por suerte, ella me insistió y me dijo que bajo lluvia lo podíamos hacer igual y que sería aún más divertido. De vuelta, acepté la idea solo por pasar un tiempo con amigos,
Cuando llegamos a la estación del subte, no sólo estaba mi amiga y otros compañeros que conocía, sino que había tres chicos –si mal no recuerdo- que nunca había visto en mi vida. Había uno, Mateo, que cautivó mis ojos desde que lo saludé. Pasaron ya 5 años y todavía me acuerdo cuando le dije “Hola” y le di un beso en la mejilla por primera vez. Nos subimos al subte, nos tomamos el ómnibus y llegamos al sitio donde nos enseñaron todo lo que debíamos hacer en cada momento del “paseo deportivo”. Intenté no prestarle mucha atención a Mateo aunque de a ratos no lo conseguía y sólo lo miraba detenidamente. Su acento me encantaba. Era hermoso. Su tez, su cara, su forma de hablar, todo. Debo admitir que me cautivó al instante. Sin embargo, aquel día, él no mostro ninguna señal de interés, simplemente se reía sin parar con mi amiga, Rosa. Como no sabía quién era el, ni siquiera de que país provenía y mi amiga nunca me había hablado de él, supuse que había ido a nuestra salida para
conquistarla. Así que, media triste y desilusionada, al terminar nuestra aventura –que de hecho fue muy divertida- llamé a mis padres y decidí volverme a casa. No tenía ganas de ir a almorzar con todos. Había algo en mí que me angustiaba ver a Mateo reír y hablar incesantemente con Rosa. No entendía bien por qué. De todos modos, me olvidé de esto en el correr de la semana.
-       Seguí, dije intrigado.
-       El viernes por la noche me telefoneó Rosa, era para invitarme a la casa de un amigo a tomar unas cervezas. Acepté y como quedaba cerca de la mía y era verano, decidí ir en bicicleta. Antes de entrar, me acordé de Mateo, me di cuenta que tenía la ilusión de que estuviera ahí, toqué a la puerta, me abrieron y lo busqué con la mirada, era un mono ambiente así que no habían muchos rincones para explorar visualmente: no estaba. No quería preguntar por el tampoco, así que intente distraerme parloteando con los que estaban en la fiesta. Al rato sonó la puerta, abrieron y entró el. Mi corazón se paró y se aceleró en el mismo instante. “Vino! Vino!”, pensé. Pero me acordé que también, en el mismo lugar, estaba Rosa.
Nos pusimos a jugar a un juego donde debíamos meter una pelota de ping-pong dentro de vasos con cerveza, el que perdía, debía tomarse el vaso por completo. Mientras dos parejas jugaban, yo estaba apoyada contra una pared y del otro lado estaba él, quería que me hablara, pero nada. Ni la hora. Me sentía triste, devuelta. Pero también tenía miedo de acercarme a él, estaba segura que estaba interesado en Rosa y no tenía ganas de interferir en eso.
Me tocó mi turno de jugar. Mi dupla era Rosa y como rival teníamos a Mateo y a Rafael. Nos divertimos mucho por un largo rato y tras finalizar, las ganadoras fuimos las mujeres. Ya adictos a la tecnología y fotografías, terminamos la partida y nos tomamos una foto los cuatro jugadores.
Quería que Mateo se acercara a mí! Y así fue.
-       Después de sacarse la foto? qué hizo?, pregunté.
-       No, durante la foto.
-       Contame, dije entusiasmado.
-       En esos dos segundos que uno demora para sacarse una foto, Mateo actuó de manera rápida. Estratégicamente, supongo, se puso al lado mío para sonreír para la foto y así tuvo la excusa ideal para abrazarme. Con Rosa, muy orgullosas de nuestro triunfo, dibujamos con nuestras manos la letra “L” de perdedores (en inglés) al posar.
Mateo me apretó fuertemente la cintura en ese instante. Yo no entendía mucho, era la señal que quería pero me agarró desprevenida.
Automáticamente nos agarramos de la mano y nos sentamos en el borde de una ventana, la única que había en el ambiente.
Hablamos dos, tres cosas y me invitó a bailar. Baila desde que nació, y sabía que bailaba muy bien; yo no sabía, en ese momento ni mover un pie así que decidí negar su invitación y preferí seguir hablando. Además, estaba intimidada porque había varios ojos que nos estaban mirando intrigados sin comprender de donde había surgido ese amor. De todas formas, nuestros espectadores dejaron las preguntas para después.
Para poder hablar más tranquilamente, salimos de la casa y nos quedamos sentados en el piso del pasillo del edificio, al lado del ascensor. Nos besamos y me acuerdo de cada caricia. Hablamos horas. Nuestros amigos que habían quedado en el apartamento, ya se comenzaban a ir y al salir nos veían tirados en el suelo y nos saludaban curiosos. Ya era hora de marcharse pero no queríamos, ambos lo sentíamos, queríamos estar juntos muchísimo tiempo más, unas horas no nos alcanzaban.
-       Y qué hicieron?
-       Esa noche decidimos despedirnos después de muchos besos y abrazos. Pero quedamos en volver a vernos al otro día sin falta. El tema, es que había un problema.
-       Cuál?, curioseé.   
-       Él no vivía en la misma cuidad que yo. Vivía a 7 horas aproximadamente de mi casa. Y aquel domingo se iba a ir de viaje con su familia y luego de regreso a su hogar, así que no lo volvería a ver por quién sabe cuánto tiempo.
-       Continúa, dije ansioso.
-       Nos saludamos, intercambiamos nuestros números de teléfono, le regalé una vincha blanca que tenía en mi pelo, con la cual había estado jugando todo el rato y acordamos en vernos al otro día. Tomé mi bicicleta de regreso a casa. Mientras marchaba solo sentía el viento en mi rostro y la sonrisa enorme que tenía fijada en la cara. No pensaba en nada, solo emanaba amor.
-       Y entonces,  al otro día lo viste?
-       Sí. Ese día me junté con mi familia y otros amigos de mis padres para ir a las afueras de la cuidad y ver un espectáculo hermoso de globos aerostáticos. Eran muchísimos, de todos colores, tamaños, formas. Lo disfruté mucho! Aunque admito que estaba deseando que llegara la noche para ir a nuestra cita. Intercambiamos un par de mensajes de textos coordinando todo y de noche recuerdo que, tras volver del paseo y arreglarme, mis padres me dejaron en un cruce de calles importantes en el centro, donde minutos después me encontraría con Mateo.
Llegó y nos dispusimos a buscar un lugar para ir a comer. Recorrimos una de las calles principales de ahí caminando pero no encontramos ningún restorán que nos gustara. Fuimos al puerto a ver si algo nos convencía, y nada. Quizás era porque no dejábamos de hablar y estábamos compenetrados en nuestra conversación. Después de pasear un largo rato decidimos sentarnos en un lugar donde la vista es magnífica, desde ahí se divisa toda la cuidad, cada rascacielo, cada barrio, los autos, incluso el monte que abraza por detrás a esa inmensidad. Charlamos un rato más, nos besamos, nos abrazamos y nos reímos muchísimo. Pero teníamos que comer. Decidimos volver al centro de la cuidad y recorrimos todo de vuelta. Ya era tarde. Nos topamos con muchos fanáticos de una banda de ‘rock and roll’ que acababa de ofrecer un concierto en un estadio de la cuidad -Ac Dc-. Esto quedó como anécdota porque por “coincidencia” yo tenía una camiseta de dicha banda que la usé durante mucho tiempo de pijama así tenía la dicha de sentir a Mateo más cerca de mí. No encontramos ningún lugar que nos gustara y volvimos al puerto. Ya estábamos cansados y con hambre. Tomamos un taxi que nos acercó a un restorán que, por alguna razón que no recuerdo, no logramos entrar. Nos bajamos del taxi y seguimos caminando. Los pies ya me dolían, pero finalmente escogimos un sitio, donde lo que menos hice fue prestarle atención a la comida. Sólo lo miraba a él, lo escuchaba, le agarraba de las manos. Me acuerdo de estar comiendo con una mano, mientras con la otra agarraba la suya. Fue hermoso. Seguramente la gente se daba cuenta del amor que nos envolvía, no dejábamos de mirarnos ni de sonreír.
No sé por qué no me acuerdo mucho que hicimos después de comer pero sabía que era la última noche que lo vería por mucho tiempo, 20 días seguros. Nos habremos quedado hablando por varias horas más hasta que se debió hacer muy tarde. Al otro día se fue de viaje con sus padres y yo ya lo extrañaba. Ahí se había ido a otra cuidad  que quedaba solo a tres horas de donde yo habitaba. Esa noche me llamó y me pidió si, el martes por la tarde, podía ir a un lugar del centro para encontrarme con un amigo de él que tenía un regalo para entregarme de su parte. Obviamente, seguí todas sus indicaciones.
El martes me dirigí al lugar acordado y esperé ansiosamente a su amigo. No sabía cómo reconocerlo pero Mateo me había dicho que él sabía cómo era yo y que me saludaría. Confíe.
Después de recibir el regalo yo tenía que ir como asistente a una clase de inglés a modo de práctica de un curso de profesorado que estaba llevando a cabo. Parada en la vereda sentí que alguien me agarraba del brazo y me metía dentro de un taxi. No entendía nada. Cuando miré hacia mi izquierda lo tenía a él, Mateo había viajado tres horas para pasar medio día junto a mí! Estaba sorprendida pero aún lo recuerdo como uno de los regalos más lindos que he recibido. Fue hermoso, irradiaba felicidad y mi corazón latía fuerte. Nunca había generado esa conexión con nadie y nuestra noche de sábado había sido totalmente sensacional y mágica, claro que no podía terminar ahí. Sabía que lo nuestro era importante!
-       Qué demostración! Y qué hábil declarante, dije mientras sonreíamos.
-       Sí! Me creí la historia de su amigo por completo. Estaba todo planeado, incluso estaba involucrada mi amiga Rosa! Ella y su hermana lo iban a ir a buscar y lo llevarían de noche al hotel donde se reencontraría con sus padres para seguir el viaje. Pasamos toda la tarde juntos y, quería estar tanto con él que me quede a dormir en lo de mis amigas para llevarlo al hotel y estar un minuto más a su lado. No dejábamos de abrazarnos ni de mirarnos, era fantástico.
-       Se nota, mientras me contás la historia sólo sonreís.
-       Es que te juro que era pura magia. Fue inexplicable. Ahí entendí que un segundo puede durar toda una eternidad.
-       Concuerdo. Se despidieron y ya no se volvieron a ver?, pregunté.
-       Bueno, ahí él se fue de viaje por varios días y bastante lejos. Pero me llamaba por teléfono desde allí. Me acuerdo que al finalizar cada llamada, me sentía en una nebulosa, estaba en otro planeta, de verdad. Estaba en el planeta del amor, aunque suene cursi.
Nos reímos.
-       Ah! No te conté, me dijo.
En nuestras horas de charlas, Mateo me contó que el día que fuimos a hacer rafting él quería que yo me quedara a almorzar con todos. Le había atraído pero no se había acercado a hablarme. Y además, preguntó por mí ese día como también el viernes al ir a la casa de nuestro amigo, quería saber si yo estaba y si no, según me explicó, no iba a ir.
-       O sea que, digamos, los dos estaban pasando por lo mismo sin saberlo. Los dos querían acercarse pero no se creían correspondidos o bueno, no se animaron mucho, resumí.
-       Algo así, me respondió.
-       Y ahora? No me digas que la historia termina ahí.
-       Sigue, sigue. Después de su viaje, nos llamábamos todos los días, hablábamos sin parar. Hasta que su primo se mudó con él. Debo admitir que en esa época me sentí  un poco frustrada. Dejamos de hablar como antes, él estaba con la mudanza, estaba viviendo más su vida en su ciudad que conmigo a la distancia. Lo extrañe bastante porque fue una época en donde hablábamos diez minutos y él tenía que colgarme el teléfono para hacer algo o mirar una película o lo que fuere. Ya no nos dedicábamos más el mismo tiempo que antes.
Pero, no debo omitir el detalle que en nuestros planes, habíamos organizado que, para el siguiente semestre de su universidad, el vendría a mi cuidad y posteriormente yo me quedaría en aquel país para poder estar juntos. Tanto nos queríamos que planeamos, con meses de anticipación, sin saber si aquello iba a funcionar, el estar un año juntos en el mismo sitio para no sufrir la distancia.
-       Y eso se cumplió?
-       No. Como te decía, de a poco dejamos de llamarnos tan seguido y cada uno comenzó a rehacer su vida en su ciudad. El conoció una chica; yo conocí a un chico. Nos ennoviamos, no entre nosotros. Ahí si dejamos de hablar hasta que una noche, recibí una llamada de él. Otra vez más, no entendía nada. Nos quedamos hablando horas y le conté que me quería ir de viaje a Europa con un amigo. Mateo se entusiasmó con la idea y me dijo que quería sumarse a mi viaje, que quería realizar un viaje así con un amor y que quería hacerlo conmigo. 
Mantuvimos la idea del viaje por un tiempo. Ese momento también lo recuerdo con un poco de frustración. Me acuerdo de mandarle e-mails con lo que venía planificando para el viaje y él no me respondía, pero con el correr del tiempo dejé de lado mi iniciativa porque supuse que estaba en vueltas con su novia. Me distancie aunque de vez en cuando surgía de parte de él alguna motivación para escribirme.
Ese era mi último año viviendo en aquella ciudad y luego me iría a otro país muy lejos. Él sabía esto.
Otro día, no me lo olvido más, estaba en un restorán cenando por el cumpleaños de un amigo de mis padres y me sonó el teléfono. Mateo. Qué querría?
Me preguntaba porque siempre le respondía cada mensaje y llamada como si fuera la primera vez por más que, por un año casi, él estuvo bastante alejado de mí y se acercaba cuando podía o quería. La única respuesta que encuentro es que lo hice porque lo quería con el corazón y siempre dejé cualquier orgullo de lado, no me interesaba estar lejos de él por razones insignificantes.
-       Atendiste?, pregunté intrigado pensando en la llamada repentina.
-       Indudablemente. Y me dijo que estaba yendo para mi cuidad y si podíamos vernos. No había forma de decirle que no. Me acuerdo que fue un jueves.
Llegamos del cumpleaños y me quedé esperando en mi habitación su llamada que me anunciara su llegada.
En el lobby de mi edificio había una biblioteca, varias mesas, sillones, café, galletitas, y un hermoso piano. Ya había entrado la noche, si mal no recuerdo eran las dos de la mañana cuando se bajó de un auto en la puerta de mi casa. Lo vi entrar, tenía una camiseta negra y un jean claro. Desde aquel martes sorpresa, nunca más lo había vuelto a ver. Nos quedamos hablando, otra vez, por eternas horas. Aunque me sentía un poco responsable del hecho que él tenía novia, Mateo me explicó que estaban distanciados por el momento. Así que no tuvimos represión alguna de besarnos y abrazarnos como la primera vez.
Cerró los ojos y, continuando la historia, me dijo:
-       Pareciera como si lo estuviera viendo ahora. Lo escucho, veo sus manos sobre las teclas del piano y escucho su voz.
En un instante Mateo dejó de responder a algo que le había preguntado y se quedó mirando el piano. Se levantó y se sentó en el banco que estaba ahí. Comenzó a tocar las teclas frías de marfil, cantando al compás de su música. Mientras, yo me enamoraba más.
Ya se había hecho tarde. Nos teníamos que despedir. Nos abrazamos fuerte, nos despedimos con un último beso y no nos volvimos a ver hasta dos años después.
-       Así que la historia no terminó ahí, dije entusiasmado.
-       Claro que no. Y nunca terminará, me contestó apasionada.
Quedaban pocas semanas para que yo retornara a mi país por varios años y me escribió. Bueno, no me acuerdo si me llamó o me mandó un mensaje de texto, sé que Mateo se contactó conmigo para decirme que quería venir a verme antes de que me fuera. No concretamos el encuentro. En ese momento no podía sufrir, además de todas las otras despedidas que tenía, un saludo “final” con el hombre que había sacudido todo mi cuerpo y corazón. Pero quería saludarlo de alguna manera y le escribí un e-mail diciéndole todo lo que sentía, agradeciéndole todo lo vivido. Tampoco recuerdo bien que me respondió pero tengo la idea que me pedía disculpas por no haber podido ir hasta mi ciudad, que tenía que trabajar y que también le agradecía a Dios por haberme conocido.
-       Y qué pasó con el viaje a Europa?
-       Cierto. Eso tampoco se dio. El nunca más me preguntó sobre el tema, y por razones de documentación, yo tampoco pude irme. Estoy esperando ir con algún amor, ya se dará, quien sabe con quién.
-       Mateo, quizás?
-       Quizás… y me guiñó el ojo izquierdo.
-       Cuando llegué a mi país de origen , hablaba esporádicamente Mateo. Lo que tengo que recalcar es que nunca dejamos de hablar, nunca. Y desde que vivimos en países distintos, aprendimos a hablar más seguido.
Un fin de año me fui para el país donde residía él a pasar Navidad y Fin de año con mi hermano. Causalmente, él iba a estar en la misma ciudad, en las mismas fechas. Coordinamos nuestro encuentro al arribar a nuestro destino y Mateo me pasó a buscar por la casa donde me estaba quedando. Hacía mucho tiempo no nos veíamos y fue como si el tiempo no hubiera pasado jamás. Esa noche nos fuimos al centro de la cuidad, estuvimos sentados hablando, fuimos a la playa y luego al estacionamiento del hotel donde él se estaba quedado. Ya te imaginarás lo que paso allí.
Llegó el último día del año y después de las 00hs nos juntamos y pasamos la noche juntos. Contemplamos las estrellas por horas, riéndonos y mimándonos. Fue especial. Juntos empezamos un nuevo año.
Ya no había más días para compartir así que aprovechamos una tarde y nos fuimos a pasear en auto. Almorzamos juntos y para no perder la costumbre, hablamos de todos los temas que se te ocurran. Siempre recuerdo sus ojos al mirarme, estaban llenos de asombro y de amor, brillaban. Es hermoso, sabés? Nos queremos tanto!
       Ya hace dos años que no nos vemos aunque seguimos en contacto a pesar de la distancia. Es increíble, cuando estoy triste, mágicamente recibo un mensaje de él, podes creer? A veces pasamos semanas sin hablarlos y ahí aparece, en el momento justo, con las palabras adecuadas. Siempre me re-anima, realmente tiene un poder para sacarme una sonrisa y hacerme revivir. Es magia. De verdad, es magia. Te cuento una cortita y termino. Hacía poco que había dejado con mi ex pareja; exactamente esa misma semana me mandó una foto que decía, traducido, “Actúa como una mujer. Piensa como un jefe/hombre”. Era lo que necesitaba, había sufrido mucho en aquella relación por qué dejé de mirarme a mí para mirarlo a él (mi ex pareja) y mi ego y Alma estaban bastantes lastimados. Fue lo mejor que alguien me podría haber dicho, llegó a mi correo en el momento indicado. Y fue de parte de él…
-       Quién más, no?, respondí con obviedad.
-       Veo que comprendiste la esencia que quise trasmitirte en mi relato. Me alegro, dijo sonriendo.
-       Y cómo seguirá esta historia, alguna idea?
-       La verdad que no. Espero verlo pronto. Pero sé que así será. No lo pongo en duda. Y siempre será un amor que al recordarlo, renacerá. Seremos compañeros de camino hasta el final, eso te lo puedo afirmar.
-       Qué belleza. Ojalá se vuelvan a reencontrar en alguna parte del mundo. Nunca pierdan la magia que los une. La conexión que hay entre ustedes dos es una total inspiración para cualquiera que no cree o ha perdido la esperanza en el amor.
-       Lo es.
-       Nunca te pregunté, cómo te llamas?
-       Jazmín, un gusto.
-       El gusto es mío.
Nos saludamos con un fuerte abrazo. Me pasó su correo electrónico para que le enviase la historia una vez que la haya redactado, y antes de marcharse me dijo:
-       Te enviaré por e-mail la foto que quiero que pongas de portada para esta historia de amor.
Recibí la foto después de mandarle un borrador de lo que había escrito para tener su aprobación de antemano. En la foto está Jazmín en el medio del lado derecho con su vincha blanca, a su lado está Rafael, a la izquierda Mateo con una mano en su espalda -la cual no se ve-, y en la otra esquina se encuentra Rosa. Las dos mujeres hacen, con sus manos una “L” como gesto gracioso por haber ganado aquel partido de ‘beer-pong’. Lo que pasó después de ser tomada esa foto, ya lo sabemos.
-Historia #15 del mundo; #2 de Latinoamérica.-
��7�3
Los sueños de Luna.
Hacía mucho que venía soñando cosas importantísimas pero que no las lograba descifrar exactamente. Bueno, ningún sueño se entenderá nunca de manera perfecta.
Así es como la última mañana del 2013 se levantó con un sueño que le mostró, con imágenes, como proseguir su último ciclo (de 9 años).
                                                            *
Tras un encuentro teatral con amigos, creatividad y disfrute, lo vio. Estaba él. Luna lo buscaba pero, como siempre, fue muy disimulada.  
                                                            *
A pesar de ser una hermosa Luna, llena de Luz, fuerza y brillo, siempre se ocultaba, creía que nadie la miraba. Claro estaba que miles la observaban pero como no se lo decían seguido o como tampoco los escuchaba si se lo expresaban, no veía su belleza.
Cuando Luna estaba en un lugar, se sentía su resplandor y energía. Todos lo sentían. Su esencia se notaba. La que no veía ese poder, era ella misma. Era difícil porque Luna buscaba a su Estrella Madre que la guiara y le dijera cuan linda era pero ella no lo hacía, no podía efectuarlo como Luna requería.
De todas formas, ella era La Luna, ella estaba llena de fortaleza, era inmensa, hermosa, vital, llena de fuego cubierto en una manta de Luz Blanca. Ella podía.
Por tener muchos años en este planeta, por haber visto demasiado y vivido aún más, Luna sabía, conocía y tenía chispazos de memoria aunque le costara reconocerlos. De todas formas, logró hacerlo tras muchos años, esfuerzos y cambios.
                                                             *
Así fue como lo reconoció. Sabía que era él pero tenía que aprender muchísimo antes de estar preparada para enfrentarlo.
Lo miraba, lo miraba como siempre hacía cuando le gustaba algo. Eso sí, no se atrevía a hacer nada, no confiaba que pudiera, tampoco se creía correspondida y, efectuar una partida, tenía el costo de ser rechazada y no se permitía la más mínima posibilidad de sentirse humillada o desvalorizada.
Muchos años difíciles pasaron hasta que empezó a escuchar las melodías cantadas para ella. Si, los demás le cantaban!
De a poco, comenzó a ver, por fin, su Luz. Comprendió toda aquella hermosura que tenía guardada, y fue gracias a un chico. Un chico que ella admiraba de pequeña. Él le confesó que veía su potencial desde hacía años pero que nunca se lo dijo porque eso iba a impedir que creciera. Si él se lo decía, ella se iba a conformar y no buscaría expandirse más, llegaría a ser iluminada y belleza pero no como si se levantaba solita de cada tropezón.Y así fue.  
“Luna, Luna, sentite segura. Sos fuerte y tenes gran potencial. Tu corazón puede con todo. Dale, anímate, cree. Salí y brilla. Mostra tu luz, pero mirala tú misma primero. Te mereces verte. Iluminate. Dale!”, le dijo aquel amigo.
Y así salió ella, campante, segura, a romper con el mundo que se había armado y que llevaba como mochila pesada impidiéndole su vuelo. Caminaba con seguridad, sabía que tenía luz y que los demás la miraban, ella entendía su fuerza. Ahora sí. Deseaba que esto le durase por siempre y que nunca más le llegara la inhibición, la inseguridad, la exigencia, la desconfianza o la impaciencia. La vida era para disfrutarla pero había que tener una paciencia enorme y así confiar, confiar ciegamente que todo tenía un orden y que todo sucedía por algo.
Caminando por la calle, deslumbrante, despampanante, se encontró con otro compañero de camino. Hablaron por horas. Ella relucía y eso que afuera llovía. El mundo exterior no la estaba afectando; “Qué logro, Luna!”, pensó. La lluvia parecía querer expresar que el mundo se iba a caer. Hacía frío y el cielo estaba gris, opaco, lleno de nubes blancas sin luz. La gente caminaba sin mirar, apresurada, como si las gotas fueran un fantasma que los corría. A Luna, sin embargo, no le preocupaba esto; sentía cada gota de lluvia con una sensibilidad que sólo ella conocía. Además, estaba compenetrada en su charla; disfrutaba de la música que se daba cuando se generaba una buena conversación. A todo esto, veía una luz en el cielo; ella confiaba. Estaba feliz.
 Se subió a un ómnibus junto a su compañero. Si hubiera que titular a este último seria, “El Bondi de La Vida”. Había mucha gente ahí dentro, mucho barullo, desorden, confusión. Luna no se dejó empapar de esa inmensa nebulosa como había hecho siempre, ésta vez disfruto de todo ese escenario con las raíces bien firmes en la Tierra, centrada, sabiendo que solo de a poco, con pequeños vuelos, llegaría muy alto.
No se dejó invadir ni siquiera por la inundación que se dio después tras tanta lluvia. El ómnibus se tapó de agua. Por supuesto, algunos se desesperaron, otros no tanto. Ella se dejó llevar. Fluyo con el agua. Sabía que toda catástrofe era enviada por Dios para enseñar algo. Luna aprendió a flotar y deslizarse. Nunca le habían mostrado eso pero sabía que era lo correcto y logro hacerlo sola. Se animó a nadar aunque los demás no hicieran lo mismo; intuía que esto la conduciría a un estado superior.
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Llegó. No sabía a donde pero llegó.
Estaba en una casa hermosa, grande, con una atmósfera suave, cálida, clara y calma. Había varias personas en aquél hogar; era su familia. Hermosa, iluminada.
De todas formas, cada uno estaba involucrado en su propio aprendizaje; ya habían crecido juntos, ahora era momento de transmitirse energía sin una sola palabra y caminar cada cuál su camino. Eso sí, cuando alguno se perdía, sabía que vendría alguien a guiarlo de vuelta a su sendero.
Luna se sentía flotando ahí también. Andaba sin pensar; sentía, se dejaba llevar, gozaba! Sí, gozaba! Y eso fue lo que más aprendió en aquel lugar donde ya no habitaba el enojo, lo reproches ni los rezongos. El poderoso fuego interior se había convertido en Amor. No se boicoteaba más la ira sino que se disfrutaba al compás de las risas; por eso flotaban. Era una maravilla! Sí que habían aprendido juntos!
¤
Más cosas faltaban aún. Luna estaba feliz pero quedaban más cosas por desplegarse. Había miles de colores que tenían que empezar a brillar. Esto no había terminado.
De repente se vio metida en una experiencia que ya conocía, ya había pasado por eso varias veces. Adrenalina. Subidas y bajadas. Conocía que el miedo era más fuerte que la caída real. Entonces se animó y no cerró los ojos. Sí, si grito pero estaba acompañada (al costado y atrás en el vagón), estaba protegida como siempre; a diferencia que ahora, lo veía y confiaba.
Llegó, sin pedirlo ni pensarlo, el final de la montaña rusa. Había sido tan divertido. Al final de cuentas, había atravesado todo con una sonrisa y con miedo, pues estas cosas siempre dan retorcijones en la panza.
¤
Finalmente, llegó el momento que tanto deseaba pero que creyó que nunca llegaría.
Aterrizó, tras ese juego de parque de aventuras, a los pies de un chico. Un hombre bajito, morocho, con un intento de barba de esos que están de moda, con una panza divina, una sonrisa desordenadamente alegre. Bello. Él era hermoso, y estaba ahí sólo (con algunos amigos cerca), sentado en un banco contra la pared, iluminado por la luz amarilla, tenue que abrazaba a ese sitio.
Lo vio. Era el mismo hombre que al principio del recorrido no se había animado a hablarle. Esta vez, sin cuestionarse, se acercó y lo abrazó. Quería besarlo, quería que fuese de ella por un tiempo ilimitado; pero Él la alejó con los brazos cuando ella se abalanzó.
-       Por qué haces esto si me rechazaste antes?
-       Perdón, abrázame!
-       No,  tu no querías estar conmigo, me lo dijiste, me lo mostraste.
-       Tenía miedo. Muchísimo miedo. No creía en mí. Buscaba el amor desesperadamente pero le tenía pánico. No quería sacarme mi escudo porque sabía que no estaba preparada para recibir amor verdadero. Debemos estar muy fuertes y seguros para eso, yo aún no podía.
No sé si ahora puedo pero si me seguís, quiero intentarlo contigo. Estoy dispuesta.
-       Y me prometes que de acá vamos a pasar la mejor noche juntos?
-       Te lo prometo
Se abrazaron.
No había más nada que decir. Era hora de sentir. Su corazón se lo decía, galopaba fuertemente; se lo quería devorar. Lo había encontrado.
Al menos, quería intentarlo.
- Cuento Luna para su prima. Indonesia. 31 de diciembre del 2013.
Varias pruebas antes de llegar al gran tesoro.
Entonces, desde aquel día, Ella aprendió a confiar un poco menos y cuidarse más.
Tras mucho desamores, Ella había dejado de intentarlo, de probar; quería estar sola para aprender que era no buscar a nadie y simplemente disfrutar del dar y recibir amor a uno.
Pero como la vida nunca nos da exactamente lo que uno quiere, cómo y cuando lo desea, apareció alguien. Un chico que, tanto física como psíquicamente, era muy distinto a Ella.
Se comenzaron a conocer y pudieron aprender muchas cosas.
“Está cerrado, muy cerrado. Tiene un escudo de protección gigante que no lo deja sacar todo su potencial. No va a poder por ahora, él es muy fuerte y tú también y por eso están tan a la defensiva; si se juntan desde las potencialidades sería una explosión que no están preparados para enfrentar. Aunque vos sí quieras e intentes sacarte tu caparazón hasta lograrlo, el no podrá aún; está sellado”, le decía una vocecita en la cabeza de Ella.
Niño, temeroso, inseguro, influenciable, defensivo. Sin embargo, se mostraba alegre, seguro, tímido, divertido, simpático, interesado y bien plantado. Claro, todo eso era él.
Desde la ventana, mirando hacia afuera, en aquellos días soleados y calurosos de diciembre, Ella contemplaba la imagen de dicho ser. Desde ahí fue que comprendió que la edad no vale nada, que las apariencias tampoco, que la máscara que mostramos al mundo es muy creíble y falsa, y que por esto, uno debe cuidarse.
Como ya tenía experiencia en aprender durante meses (incluso años) desde el sufrimiento, Ella a los pocos días de estar en contacto con él, entendió que lo más importante en este mundo es seguir lo que uno desea, sin importarle lo que quiere el otro; buscar la felicidad dentro de cada uno para alcanzar la estabilidad; no depositar en el resto nuestras mochilas; no esperar nada de nadie porque eso duele y desilusiona; confiar en la intuición y los latidos del corazón; decir las cosas de frente sin dudarlo; poner y recibir limites desde el amor; dejar de buscar respuestas por simple afán para hallar solamente alguna no certera.
Cuando el amor es mágico, cuando es de verdad, no hay trabas, ataduras, las cosas fluyen y no hay inconvenientes, comprendió finalmente Ella.
Así, aprendió que no puede lidiar ni cargar con los aprendizajes de los otros y que a la hora de elegir una pareja debia buscar a alguien que logre animarse, respetarse, quererse y conocerse. Sólo así tendría espacio para amar y amarla.
- Relatos de Ella, Luna.
Simplemente, Vivir.
Cuantos miedos.
Cuántos miedos podemos llegar a tener acumulados en nuestro cuerpo?
Hasta cuánto podemos guardar como para enfermarnos?
Hasta dónde decirle basta a la mente? Hasta dónde ponerle un freno al pasado y al futuro?
Es así como nos acecha un bagaje enorme de miedos provenientes del pasado y un cúmulo de ansiedad hacia el futuro. Pero cuando aprendemos a vivir el presente, a  conectarnos con nuestro cuerpo, espíritu y mente en el aquí y el ahora, cuando tomamos el pasado únicamente como aprendizaje y el futuro como tierra fértil para cosechar y crecer, ahí, así, es cuando hayamos el equilibrio.  Porque la vida es eso, vivir el día a día, estar conectados con la Madre Tierra, El Cielo, la Naturaleza, los que nos rodean, brindar y recibir amor, recibir y dar energía y Luz para encontrar aquello tan anhelado por todos: la seguridad.
Es difícil hablar de seguridad. Así como todos somos distintos, lo que cada uno necesita para estar seguro varía de ser en ser. Pero como somos  Seres de Luz, hay cosas que necesitamos todos: amor (de todo tipo), paz interior y exterior, dar y recibir, estabilidad, equilibrio, belleza (por dentro y por fuera), y luz, mucha luz en todo lo que nos rodea y en todo aquello que llevamos dentro.
Lo que sí podría afirmar con toda certeza es que uno, como dice el dicho, “debe amarse primero a uno mismo, antes de amar al otro”. Entonces, todo se da en una armonía perfecta. Cuando estamos en paz con nosotros, dejamos los miedos atrás, nos sacamos las mochilas, los prejuicios, las auto-exigencias, dejamos todo el pasado lejos, y nos adentramos al presente vichando el futuro: podemos amarnos con total sinceridad, seremos Seres de Luz puros. En este estado, y solo así, nuestro amor será entregado de manera saludable y será recibido de igual forma.
Recordemos además, que nuestro cuerpo transmite todo desequilibrio interior. Si nos enfermamos, prestemos mucha atención, que nos están queriendo decir? Que ME quiero decir? Escuchémoslo, nos está advirtiendo de un peligro interno. De aquí vienen las grandes enfermedades: cuando no le prestamos atención a los pequeños mensajes del cuerpo.
Ascender en conciencia implica muchas cosas, pero entre ellas considero que está el Amor Propio y la liberación de escudos y protecciones contra los daños de los demás. Siempre vamos a salir heridos, en todo amor, porque incluso en el amor con nosotros mismos nos lastimamos; pero esto es parte del madurar, de crecer. Dios nos pone situaciones, personas, hechos, sentimientos, pensamientos en el camino que, por más dolorosos que sean, los podremos soportar y nos ayudaran a crecer; él nunca hará nada para devastarnos, para matarnos en vida. De toda muerte hay un renacimiento. De todo dolor surge la Luz.
Busquemos amarnos, sacarnos de encima los temores, limpiar nuestros cuerpos de enfermedades, cuidar nuestra auto-valía, hallando la seguridad, y viviendo en el presente que es lo único que tenemos.
Encontremos una pasión, Nuestra Pasión. Luchemos por ella, esto nos hará felices, nos hará sentirnos plenos. Desde el desapego busquemos la luz en aquello que nos rodea y nos hace felices. Practiquémoslo diariamente. Seamos felices por y gracias a pequeñas-grandes cosas.
Recuerda que  estás en este mundo para aprender y enseñar, sos un ser con mucha luz, vitalidad y energía. Confía en ti que Dios te ha dado Dones muy grandes; ve por ellos. Sonríe siempre, amate por lo que eres, así como estás sos hermosa. Recuerda que lo vivido hoy serán pequeños recuerdos en un futuro que sumarán a grandes crecimientos.
- Carta de Federica a su amiga Ariel por su cumpleaños numero 42.
Fuerza
Muchas veces nos enfrentamos a cosas que son difíciles de comprender. Muchas veces culpamos a los demás, otras a nosotros mismos, otras hasta a Dios. Pero Dios nos pone todo en nuestro camino para crecer. Sin fijarnos en “quien es el culpable”, debemos aprender a ver la lección. Aprendamos de cada caída, de cada golpe; que nos quiere decir “el de arriba”?
Generalmente nos cuesta entender más las cosas malas que las buenas, nos cuesta más encontrarle lo positivo, pero como diría un angelito por ahí, “de todo lo malo se puede sacar algo positivo, solo hay que buscarlo”.

En situaciones difíciles, tenemos que estar juntos, primero que nada, a nosotros mismos. Son momentos en que nuestro espíritu, cuerpo, y mente están a prueba y tenemos que dar todo, a pesar de haber tocado fondo. Tenemos que estar además, junto a Dios, el es el que nos guía  y nos protege siempre. Sin olvidarnos obvio, que tenemos todas aquellas personas que nos quieren. Estas personas nos acompañan en determinados momentos, o durante toda nuestra vida. Están ahí para ayudarnos, para escucharnos, o simplemente para darnos un abrazo y quedarse callados.

Esto es una prueba donde debemos decidir, elegir caminos, tomar decisiones importantes para nosotros. Los cambios son difíciles, pero siempre son para bien, aunque pueden no parecer así. Nos hacen crecer, nos hacen madurar, nos ayudan a avanzar en nuestras vidas, por ende a ser más felices. 

Los cambios o sucesos emocionales bruscos, y fuertes son difíciles de afrontar en primera instancia, pero con amor, se puede! Después, veremos, al final de esa etapa, todo lo que vivimos y nos sentiremos felices por haber tomado decisiones que capaz no tomábamos si Diosito no nos mandaba esas señales.

Fuerza!
- Carta de Sofia a su prima Maria. Colombia, 1980.
Tú y el otro.
Nadie vino aquí a cumplir tus expectativas. Nadie va a ser tal cual quieres que sea. Nadie va a cambiar por ti, sino por ellos mismos: no vas a cambiar a nadie, los acompañaras en su trayecto y nada más; si y solo si, ellos están dispuestos.
Acepta al otro tal cual es y si no lo haces, no lo intentes cambiar, déjalo libre que tanto tu y el serán más felices.
No te aferres a alguien que no te gusta enteramente por no quedarte solo; dañás al otro y a ti mismo; los hace infelices. Así es como las relaciones terminan de las formas más dolorosas. Nadie se merece eso. Protégete y protege al otro, eso es amor.
Por más que quieras profundamente a alguien, si no logras aceptarlo en su totalidad, libéralo, libértate. En ese acto muestras tu gran amor.
No retengas a nadie por necesidades propias. No seas egoísta con el, pero tampoco lo seas contigo mismo; no lo hagas por agrandar tu ego, no.
Recuerda que el daño que le haces al otro, te lo haces a ti mismo.
Sánate primero. Acéptate a ti, tal cual sos, y ahí comprenderás al otro sin prejuicios, sin razón, con amor y bondad.
Eso se llama respeto, y primero empieza en casa. Eso se llama amor, y comienza de adentro hacia afuera. Eso se llama aceptación, y comienza por uno mismo.
 - Discurso del Pastor Lucas. Culto del 18 de setiembre de 1953, Buenos Aires, Argentina.
Mi frasco.
Hay veces que me surgen unas ideas espectaculares justo mientras me pongo a hablar en voz alta conmigo misma, dándome esas típicas auto- conferencias reflexivas para enseñar(me) lo que estoy aprendiendo en esto llamado Vida.
            Así es como el otro día se me ocurrió esta metáfora para explicar un tema tan complejo que nunca entendí, hasta ahora (capaz): la autovaloración.
            Nuestro inconsciente parecería que siempre nos está jugando una mala pasada aunque lo único que intenta es ayudarnos a crecer. Es así como me ha puesto en el camino varias personas para que, de manera correctamente incorrecta los eligiera y sacara un gran aprendizaje de lo vivido.
Entonces, por esto, he elegido compañeros  no adecuados para mi, he elegido actitudes, comentarios, auto-castigos que me han hecho sufrir pero que al final de cuentas, me han hecho crecer.
Rebuscadamente, de manera consciente yo no quería separarme de nadie, era capaz de entregar todo de mí para estar con el otro, hasta quedarme vacía. Sin embargo, inconscientemente buscaba a toda costa relaciones interpersonales en donde yo terminaba auto-boicoteándome. Y si hablo de relaciones interpersonales no sólo me refiero a relaciones de pareja, sino amistades, familiares, incluso académicas.
Me ha tocado separarme de personas, lugares, sentimientos, emociones, pensamientos, alegrías y tristezas muy grandes. La vida (o yo) parece que me sacó partes de mi corazón de manera desgarradora y reiteradas veces. Por suerte, hoy soy capaz de mirar estas separaciones y abandonos con luz y decir, que algunas fueron puestas ahí para que yo sepa lo que es sufrir, y otras fueron elegidas por mí para entender lo que es sanar el dolor y seguir adelante.
Una vez que toqué fondo y percibí el daño que me estaba haciendo al repetir patrones de abandono, una y otra vez, entendí que ya era hora de revertir la situación y buscar nuevas alternativas para cuidarme, protegerme, respetarme, y valorarme.
Como siempre, suena muy fácil y lindo decirlo. Ahora, ponerlo en práctica es muy difícil. Tocar fondo, encontrarse con el dolor en su forma más pura, salir a la calle como ser humano y mostrarse débil, pedir ayuda, sentirse vulnerable y aceptarlo, conectarse  con lo que ya no queremos de nosotros mismos y buscar nuevas formas de mirarnos, es una tarea agotadora pero con unos frutos tan hermosos que vale la pena cualquier lucha por salir a la superficie.
Es por esto que llegué a una simple analogía:
Cada uno de nosotros tenemos un frasquito. Ahí guardamos nuestros recuerdos, nuestras imágenes, pensamientos, sentimientos, anécdotas, chistes, ideas, dolores, fantasías, ilusiones, sueños, vivencias, emociones, sensaciones, e infinidad de cosas más. Pero una de las cosas mas importantes que ponemos ahí, es el amor. El amor que nos dieron, y que nos dan, el amor que dimos, y el que damos y principalmente, el amor que nos brindamos a nosotros mismos, día tras día.
Ahora, cuando no hay granitos de colores en nuestro frasco que lo representen, estamos vacíos, tan vacíos que somos capaces de darle nuestro frasquito a otra persona para que lo llene. Y así fue, así hice yo. Le intenté entregar varias veces mi frasco a otros para que lo llenaran por mí pero nadie puede hacer eso por uno. Sin mencionar que, “justo” a esos que le daba mi frasco, tenían su frasco aún más vacío que el mio. Qué dolor! Qué dolor darle mi frasco al otro, qué dolor que no pueda llenarlo, y qué dolor aún más grande que me lo devuelvan vacío!! Tal cual se lo entregué. Pero daba igual, enseguida iba y buscaba otra persona creyendo que, en mi mágico intento de cambiarlos y a modo de recompensa, me iban a querer llenar mi frasco. Nunca sucedió.
De esto aprendí que es esencial llenar nuestro frasco con mucho amor propio, para luego poder ser compartido -sin ser entregado- con otro y así, rellenarlo juntos con muchos colores, tamaños, texturas, formas, aromas, sensaciones.
Nunca esperemos que el otro nos de aquello que ni siquiera nosotros mismos podemos darnos. Tal como no podemos hacer lo que no nos gustaría que nos hagan. Porque nadie es responsable de llenar el frasco de nadie. Qué injusto es pedirle eso a otro! Qué egoísta!
Completémonos, compartamos tiempo con nosotros mismos, amémonos, mimémonos, digámonos cosas lindas, acariciémonos, lloremos junto a nosotros, riámonos, compartamos todos los momentos mágicos que nos da la vida (lindos y feos) con uno mismo, disfrutémonos. 
Aquel día. Aquel día que nos entreguemos a nuestro amor propio, lograremos amar de manera sincera, sin esperar nada a cambio, sin sufrir por dependencia, sin necesitar al otro desesperadamente, sin perdernos en el camino.
Cuando seamos felices por y con nosotros mismos, lo seremos con los de afuera. Se nos irán los malhumores, se nos irá la rabia, los celos, la ira, el rencor, el abandono, la soledad, la desesperación, la envidia, el egocentrismo, la labilidad emocional, y vendrán solamente (o no) cosas llenas de energía para poder ser transformadas a nuestra manera, en aprendizajes de vida.
Aprende a estar sólo, aprende a amarte, aprende a cuidarte y así, serás feliz. El frasquito es tuyo, nadie merece llevarlo ni llenártelo, nadie merece quitártelo.
Cuidalo. Es de vidrio, se puede romper y si eso sucede, nunca volverá a quedar como antes. Quedate con tu tarro, llénalo y mímalo. Es tuyo! Compártelo con aquellos que lo vengan llenando ellos, sin importar su ritmo, pero que no te lo quieran entregar para que se los completes. Mezcla tu arena de colores con la de los otros pero recuerda no quedarte sin nada en el camino.
Al final, lo que quedará de ti serán los colores dentro de ese tarro de cristal, y  un poco más.
- Cuento hecho por Marta a su sobrina Sol. Bolivia. 1885.
Nuevos horizontes.
Y es cuando te encentras sólo contigo mismo que empezás a recibir las respuestas a todas esas inquietudes que tenías dentro y que hacían que te doliera la panza, la espalda, todo!
        Hay momentos en la vida en los cuales te das cuenta que debés dejar de escuchar los consejos de los demás para escuchar tu voz interior. Si, ser más inocente y no buscar la aprobación de todos para hacer lo que tu corazón manda. Liberarte de esos prejuicios y bajar la ansiedad. Dejar de pensar tanto en el futuro como también del pasado. Abandonar los miedos de las experiencias anteriores y ser devuelta como un niño que hace todo por primera vez, sin cuestionarse, sin pensarlo, sin pedir consejos. A veces (y capaz sólo a veces) está bueno actuar en base a nuestros instintos; más cuando se trata de algo del alma.
        Es divertido planificar, pero no siempre es sano hacerlo en CADA ámbito de nuestras vidas. Con lo que al amor y las relaciones respecta, es mágico dejarse llevar, sentirse en una nube, volar, liberarse, entregarse.
        Purificarse es guardar el pasado en un placard (después de haber aprendido de él, claro) y solo esbozar sonrisas, recibir regalos, conectarse con Dios y por tanto con uno mismo. Es animarse a liberar la mente, a comprender, a poner PAUSA.
         Podría ser esta una de las pequeñas, grandes formas de no prestarle atención al “qué dirán” mis amigos y hacer, por una vez en la vida, aquello que nos dicta el corazón y que nos hace sonreír. Poner a un lado los prejuicios de los otros y conectarse con el universo. Ser feliz. Es fácil decirlo pero muy difícil hacerlo. Sin embargo, en situaciones donde te dejás llevar por tus sentimientos, la mente y lo que opinen los demás nada valen.
        Lindo es verte superando (de a POCO; paso a paso, como una tortuga) esos GRANDES miedos. Lindo es LIBERARSE, SENTIR, ENTREGARSE, CONECTARSE, decir “GRACIAS POR TU CONSEJO, PERO ESTA VEZ ME SEGUIRE A MI MISMA”. Lindo es bajar la guardia y soltarse para recibir todo lo que La Naturaleza quiera brindarnos. Entonces, aprender, disfrutar, sentir, tocar, escuchar, respetar(se), cuidar(se), mimar(se), contener(se): amar.
- Explicación del aprendizaje de un alumno a su Monje. Tailandia. 1345.
Viajar es mágico.
        No solo por tachar en el mapa las ciudades recorridas del mundo sino también por conocer otros paisajes, culturas, personas. Por aprender, por llenarte de energía nueva, renovarte, encontrarte con vos mismo desde un lugar que nunca creíste. Cada viaje trae consigo magia, auto-reconstrucción, reencuentro con uno desde lugares distintos, amor, alegría, paz, regeneración.
        ¡Deberíamos vivir de esto! O mejor, ¡debería ser gratis!
- Apuntes de un Soñador. Australia. 2010.
¿Lograrás hacerte amigos por solo dos días?
        Es fantástico como en un hostel experimentas vínculos, sentimientos y emociones que probablemente no emerjan si estás en tu país.
        Llorar de la risa y de la tristeza con un conocido-desconocido… conocido primero porque se llega a tal conexión donde la energía compartida borra las diferencias, el anonimato, lo misterioso.
Desconocido ya queda en un segundo plano porque, probablemente, con aquellas personas se tengan charlas que difícilmente se den con gente cercana a uno en el día a día.
        De vuelta, sigo aprendiendo cada día más a partir de otro.
- Pensamientos de una joven (22 años) expresados a su cocinera mientras esta trabajaba. 
Cuando quedan cosas por hacer, es una excusa para volver
Egoísmo cultural.
        Si no encuentran un beneficio propio, olvídate que te van a ayudar.
        Contadas con los dedos son las personas amables con las que nos encontramos en P.
        País hermoso: cultura muy rica, creencias increíbles, paisajes soñados. Sin embargo, nadie es perfecto; la gente es “especial”. Vivimos muchas cosas, desde ahogarnos a casi 5000 metros de altura, jugar al pool con más de cinco nacionalidades diferentes, hasta estar en un hospital con una amiga internada en CTI.
        De todo se aprende dicen por ahí…
Lograre entender (o VER, creo que sería mejor palabra) esta mentalidad donde el individualismo predomina. Lo que importa es la ganancia propia y ni siquiera e valora o respeta dignamente a un simple turista.
        Pero, como de “todo lo malo se saca algo bueno” (ying-yang) también logré comprobar y vivenciar como seis chicas que poco nos conocíamos entre todas, nos apoyamos incondicionalmente en todo momento. Es increíble el poder del cariño, la amistad, el apoyo y la ayuda. Agradezco cada día más el saber elegir a las personas de las que me quiero rodear.
 Aprender. Disfrutar. Querer. Viajar. Ceder. Aceptar. Respetar. Reír. Llorar: Amistad.
- Viajero al retornar de su paso por Sudamérica. Julio, 2001.
Tal vez si me voy pueda dejar de buscar.
        Es difícil sacarte un problema de la cabeza porque, como dice Coelho, cuanto más te alejas de algo más lo extrañas ya que todo remite a eso.
        Estos dos enunciados se contradicen pero, considero que lo hacen desde lo incierta que es la vida, ¿cierto?
        ¿Cuántas veces quise borrar situaciones y personas de mi cabeza sin ningún éxito? Es complicado. Por eso, capaz, la distancia de algo sirve…
- Incertidumbres de una adolescente Brasilera. Traducción 2012.
Aceptarnos y así el otro nos aceptará… querernos y así el otro nos querrá…
¿Cómo pretender que otro me quiera si no me quiero a mi misma primero? Tantas veces leí esta frase pero ninguna la entendí de verdad.
        Es complicado saber que es amarse a uno mismo. Entendí que es esencial el reconocer nuestros sentimientos, que nos pasa, que sentimos, y aceptarlos como propios, ni verdaderos ni falsos, porque los sentimientos no traen ni una verdad ni una mentira , solo algo perteneciente a la persona que los lleva consigo. Son totalmente subjetivos y nadie puede juzgarlos. Entonces, cuando dejamos (nosotros mismos) de juzgarlos, ahí es cuando empezamos a aceptarlos y por tanto, a aceptarnos. Y ahí viene el círculo mágico de la vida, cuando yo logro aceptarme a mí mismo, hago que el otro me acepte porque puedo defenderme, porque no me avergüenzo de mí, porque me comprendo, quiero, valoro y porque no tengo problemas en manifestarme tal y como soy.
        No puedo esperar algo del otro que ni yo mismo logro brindarme.
        Todo empieza por uno y si yo no logro darme amor, cuidarme y protegerme, nunca lo podrá hacer el otro. Por ejemplo, si no puedo quererme y reconocer lo que me pasa o  lo que siento, entonces el otro tampoco lo podrá hacer conmigo y en consecuencia, pasaré la vida dando y dando sin poder recibir nada de nadie. No porque el otro no quiera darme sino porque yo no me permito recibir.
        No podré reclamarle al otro algo que no puedo siquiera brindarme yo.
         También pensemos, cuando damos y damos y no recibimos nada, hay un vacío en nosotros que no se está llenando y es por eso que lo intentamos colmar con muchas cosas, desde elementos materiales, pensamientos (ahí es cuando comenzamos con los pensamientos “obsesivos”), auto exigencias, problemas con las drogas, comida, pareja, etc., infinidad de etc. Pero estas no son las cosas con las que debemos llenar nuestro vacío, sino que debemos tomarnos nuestros “20 minutos” al día para buscar en nosotros mismos, ver qué nos falta, ver con qué llenarlo y así, como consecuencia, aprender a dar pero también a RECIBIR.
         En suma, no podemos pedirle al otro que nos cuide, ame, defienda, comprenda, si nosotros no lo hacemos primero con nuestros sentimientos.
Tampoco podemos pretender recibir si no estamos abiertos a ello. Si no buscamos dentro nuestro qué es lo que estamos necesitando para así CREARLO, BUSCARLO y llenarlo, nunca pero nunca lo encontraremos fuera de nosotros.
Esto se hace conectándonos con nuestro más profundo ser y encontrando las respuestas ahí dentro.
- Apuntes de la oratoria de un Diacono. Catedral de Lima, 1987. 
Vivir hoy en día…
De chico uno es libre. Libre en todo aspecto. Baila, canta, corre, actúa, dice, siente, ríe sin importarle nunca lo que los otros van a decir. Uno simplemente…es.
A medida que vamos creciendo, nos vamos adaptando más a la sociedad en la que vivimos y podemos llegar hasta SOBRE-adaptarnos, es decir, podemos terminar siendo títeres de los demás, terminamos viéndonos como los demás nos ven, como nos califican y clasifican sin crear así, nuestra propia y única identidad.
Es difícil notar que estamos sobre-adaptados y que vivimos para el deber y tener que ser y no para el querer ser. Es difícil dejar de ver con los lentes de los demás y empezar a usar los de uno mismo. Pero no se si no es hasta más difícil el cambiarlo que el hacerlo consciente. Capaz difícil no es la palabra sino doloroso. Duele, nos hace llorar, cuestionarnos, juzgarnos, juzgar a los que nos rodean, hasta nos hace sufrir y puede que mucho.
Convengamos que todo cambio conlleva dolor tanto emocional como físico, estrés, preguntas y (pocas) respuestas que generalmente son confusas. Es importante decidir si queremos ese cambio o no porque, aunque traiga cosas negativas, sabemos que al final de cuentas tendrá un rico y jugoso fruto.
Es simplemente… animarse!
Las generaciones de hoy en día venimos sufriendo el “no quiero que le pase o sufra lo mismo que yo” de los padres refiriéndose a sus hijos. Esto, obviamente, tiene aspectos positivos, como el tener más libertades, aceptaciones, y demás pero claramente, tiene cosas negativas. El que “no pasemos por lo mismo” hace que tengamos que ser diferentes pero a la vez iguales que ellos (porque tampoco nuestros padres saben, del todo, como enseñarnos algo que nunca vivieron).
Precisamente, sucede que nos criaron con todo y con mil y una exigencias de “no sufrir lo mismo”. Así, el tener que ser perfectos, sobre adaptados, sobre exigentes, pertenecientes, no-diferentes, exitosos en todos los aspectos, “fríos” o “secos: no demostrativos o sensibles, trabajadores, etc., etc., etc., hace que cada vez se sufra más, que cada vez nos alejemos más de nuestra esencia, de lo más íntimo que tenemos. Nuestra máscara es tal, que no logramos siquiera conocernos de verdad ni conectarnos (o se nos dificulta muchísimo lograrlo) con lo más, más profundo de nuestro ser. Esto también está relacionado con la tecnología y las redes sociales: tema que hablaré posteriormente.

¿Cómo llegamos a nuestra profundidad de Ser si nos estamos comparándonos constantemente? Si solo nos vemos proyectados porque no nos conocemos?
¿Cómo logro quererme siendo diferente de los demás? Así sería una no- adaptada, no sería igual a todos, no entraría en el estereotipo que el entorno nos pide (u obliga?).
Es complicado diferenciarse del resto y de igual modo sentirse bien, contento, a gusto, con buena autoestima, queriéndose a uno mismo.
Asimismo, es como enraizamos enfermedades somáticas. No logramos expresar que nos pasa y de alguna manera debe “salir” todo esto, de alguna forma nuestra psique y
Ser deben manifestarse: una enfermedad es una clara demostración de esto mismo.
Entonces, tenemos que buscar conectarnos con nuestros sentimientos, demostrarlos, relacionarnos con nuestro arte interior, marcar nuestras diferencias, sentirnos a gusto con nosotros, conocernos y querernos, y así, solo así, nos querrán y aceptaran tal cual somos aquellos que realmente merezcan la pena pertenecer y formar parte de nuestras vidas. Si debemos fingir, encontraremos a alguien que quiera a nuestra mascara y no a nuestra esencia. Además, sostener una identidad falsa, evidentemente, nos llenará de dolor, angustia, culpa, arrepentimiento e infelicidad.
- Reflexiones de un chico, 15 años. 1998. 
Encontrando nuestro lado artístico.
Una vez leí que si estamos buscando una pareja primero, debemos encontrar algo que amemos hacer. Por tanto, lograr conectar eso artístico y nuestro lado afectivo, nuestro hemisferio derecho con el izquierdo, con lo racional, intelectual. Y menciono a la pareja porque es lo que muchos buscan incansablemente hoy día. 
Conectarnos con nuestro cuerpo, cada parte, codos, hombros, espalda, palmas, dedos, pecho, cola, …, y, a través de estos expresar nuestros afectos, emociones, sentimientos. Dejar la palabra de lado, al menos una vez. 
Pintar con nuestras manos, escribir con las mismas, también tocar el piano; bailar con el cuerpo entero, actuar.
Ahora, ¿cómo encuentro la forma de conectar estos dos “lados” que habitan dentro de nuestro Ser y cerebro?
Es difícil decidir y elegir cómo vamos a manifestar lo creativo, afectivo, pero se debe probar. Debemos probar todas las prácticas posibles hasta encontrar aquella que nos haga felices, plenos, y que nos saque una sonrisa cada vez que pensemos que vamos a realizarla. Aunque, a veces ni siquiera la buscamos, aparece, aparece como todo aquello que viene a tocarnos la puerta en el momento justo, a la hora indicada.
Tengamos en cuenta, también, que si no podemos de ninguna manera conectarnos con nuestro lado más sentimental y afectivo, nunca encontraremos nuestro lado artístico. Como todo, es un equilibrio, debemos encontrar uno para hallar el otro. 
Probemos.
Estemos preparados.
Conectemonos con el amor y encontraremos la creatividad, la inspiración.
- Inspiración de un artista expresada a su discípulo. 1463.
Impulsividad? arriesgarse?
Donde se marca la línea entre ser impulsivos o animaros y arriesgarnos?
Se nos plantea una situación, decidimos por nosotros mismos? Pedimos ayuda, consejos? Las escuchamos? No? Terminamos escuchando nuestra voz interior por más que muchos nos hayan dado su opinión? O más fácil, terminamos haciendo lo que nos dicen? Al final de cuentas sería más fácil echarle la culpa al otro si, por ahí, las cosas no salieran bien…aunque sería mejor logar agradecerle al otro, no? 

Y tomar una decisión por uno mismo, es ser impulsivo!? No será lograr arriesgarse y vivir la vida, tomando decisiones sobre oportunidades que capaz se dan una sola vez y que hay que aprovechar?
Evidentemente hay que evaluar las chances, ver los pros y los contras para decidir pero si uno no se arriesga tendrá menos oportunidades, en general, de explorar, experimentar, vivir, aprender.
Dicen por ahí, “el que no arriesga, no gana”.
- Inspirado por la Psicología que estaba naciendo, Max se planteaba nuevas incertidumbres. 1891. Viena. 
La moda no incomoda.
¿Modas? ¿Ropa? ¿Pelo? ¿Flaca? ¿Gorda? ¿Grande? ¿Pequeña? Son todos adjetivos que rondan en la cabeza de las mujeres (y de algunos hombres también). Lamentablemente son palabras que pueden afectar tanto. ¿Por qué será que nos regimos por cómo nos vemos por fuera en vez de cuidarnos por dentro? Definitivamente no es ni mejor ni más importante estar flaca, arreglada, pintada si desde otro lugar nos estamos muriendo de angustia, obsesión, y preocupación.
Nuestra sociedad marca mucho esto y todas las mujeres nos vemos afectadas por muchos estereotipos; nuestra manera de pensar también toma cartas en el asunto.
Es difícil salir de esa burbuja cuando la mayoría está ahí metida y termina pareciendo ‘normal’. Pero, y ojala algún día lo logremos totalmente, alejarnos de ese mundo nos acerca a ser más autentica llegando así, directamente a la plataforma del amor, y ganando el premio mayor: la felicidad plena.
 Autenticidad, devuelta. Todo depende de donde hayamos nacido, con quién, y de cómo nosotros hayamos recibido, y por tanto reaccionado, ante lo que se nos presentó en nuestras vidas. Al relacionarnos con otros comenzamos a adoptar muchas cosas de los demás. Ahora, ¿Se puede ser autentico si se vive con los lentes de los otros; si tenemos un poco de todos y muy poco (o nada) de nosotros mismos? Es difícil ver esto, aunque la moda es un claro ejemplo. Las ideologías políticas, opiniones, religiones, filosofías de vida transmitidas de generación en generación también son muestras de que la autenticidad es escasa en nuestro mundo.
¿Quién soy yo? Es la pregunta que debemos hacernos. Al responder comenzaremos a evaluar nuestra originalidad. ¿Qué me gusta? ¿Qué no? ¿Dónde me siento cómoda? ¿Dónde no? Y así un sin fin de preguntas que debemos ir buscando la respuesta en nuestro interior para lograr ser uno mismo y por tanto, más felices sin vivir por, para y como alguien.
- Escrituras de una joven angustiada. España, 1912.
Mujeres, hombres. Amor, atracción, sexo. Esencia
Quiero empezar por lo último. ¿De qué depende el querer estar sexualmente con alguien? ¿El que es tímido se anima a siquiera pensar o sentir la ganas de estar con alguien desconocido, solo como descarga pulsional o por el contrario, sería lo único que querría? Me inclino, pensándome como ejemplo, por la primera opción, aunque no sé si la mayoría no preferiría la segunda (o eso parecería). Sin embargo, no lo comprendo del todo. Atreverse a mostrarse desnudo ante un desconocido es entregarse sin protección alguna. ¿De dónde sale el coraje? ¿O será lo opuesto: inseguridad? Quizá no tiene relación….
Probablemente para el hombre sea más fácil si tenemos en cuenta que se excitan al ver algo que les gusta, y con eso les basta para que sus hormonas piensen por él. Pero, ¿La mujer? ¿Quererse implica no estar con alguien si no hay magia? ¿Estar con alguien sin magia es no quererse? O, ¿Es en ese momento sin amor en donde se encuentra la magia? La respuesta debe estar en la esencia de la realidad; pero sería imposible llegar a ella si pienso en las palabras de Kant.
Y así con todo. ¿Realmente se puede llegar a tener respuestas a estos elementos antropológicos; tan humanos? Amor, muerte, sexo, cuerpo, belleza, política, sociedades, culturas…
Mientras no podamos llegar a la espíteme (esencia), creo yo, nunca llegaremos a encontrar una repuesta única para todo. Repitiendo, lo primero es imposible, por tanto lo segundo también. Así es como nos encontramos con tantas opiniones, ideales, sueños, expectativas, deseos, metas y creencias diferentes.
Cada vez entiendo más. O quizás no.
Lo que si se es que es imposible llegar a un mundo unánime desde el momento en que, si en Uruguay es de día, en Inglaterra es de noche; mientras en Argentina nieva en Uruguay no. Difícil será encontrar respuestas únicas si la misma Madre Naturaleza se manifiesta en todos lados de manera diferente. 

Me interesa mucho ese tema del amor y la desesperación en su búsqueda insaciable. ¿Cómo es eso de que cuando menos lo buscas aparece? ¿Es posible parar una búsqueda interminable, más cuando ésta se convierte en habito, necesidad, y se hace parte de uno mismo? Creo que si llegás a encontrarte contigo mismo desde un lugar profundo y nuevo, comenzás a darle lugar a elementos nunca antes vistos y que por tanto, te liberás de esa encrucijada ambiciosa entre la búsqueda de la libertad a través del otro y su misma perdida.
Como dice una de las cuatro leyes indias, todo lo que sucede es lo único que podría haber sucedido.
No busqué respuestas (aún) a la diferencia entre el sexo y el amor. Ahora, si pregunto ¿Por qué el sexo es tabú para muchos; Será que en él la magia se pierde? Quizá en el sexo no se pueda contener y quizá no tenga algo que tiene valor de fondo; y el amor sí…. Creo que vamos por buen camino si queremos sumergirnos a indagar en temas como sexo y amor.
La mirada es la venta al alma, dijo Shakespeare una vez. ¿Cómo así?, preguntaría una colombiana. ¡Sí! Buscar a alguien detrás de su cortina verde, azul o marrón es tan bello que te dan cosquillas en la panza, y no por enamoramiento, sino por la trascendencia de la conexión entre dos. Trascendencias. Aunque no sé la definición exacta de la palabra la utilizo aquí como un ir más allá del cuerpo, del color, del tamaño o de la forma: llegar a la experiencia del ¡Ah!, como explicaba Husserl. Se atraviesan todas las normas impuestas por la sociedad para llegar a la auténtica persona. Pero, así como hay muy pocos que logran ser auténticos (no por maldad sino por cómo y dónde crecieron), hay muy pocos que logran atravesar la vista y llegar a la luz del alma del otro. Deberíamos practicarlo más. Practicando se logra (casi) todo, diría yo. Como siempre remarco, “con amor y con paciencia…”.
Volví a tocar otro tema que, a mi entender, es espeluznante: ser autentica. ¿Ser autentica es liberarme de la mochila y lograr escribir por primera vez?
Bien escuché una vez y me encantó, “un pájaro no puede volar con una mochila cargada en la espalda”.
¿Podría haber escrito antes? Estoy entregando una parte de mí en estas palabras a quien me lee; como también estoy descubriéndome.
¿Autenticidad? ¿Mirar y pensar por y para mí? Es difícil, la sociedad es compleja y el ser humano aún más.  Así es como se torna esto en un desafío, en algo divertido por el cual luchar y finalmente, llego a una conclusión que me dijo alguien muy especial para mí una vez, “de todo lo malo siempre se saca algo bueno…. Solo hay que buscarlo”. De lo complejo se saca (si logramos verlo) algo muy bueno. Siempre debemos estar dispuestos a curiosear, al menos para probar; puede ser que cuando menos lo esperemos aparezca.
Y como todo en la vida es un círculo perfecto, diría una psicóloga chilena, logro volver a una pregunta anterior para afirmar que, cuanto menos busquemos una respuesta, más nos acercaremos a ella.
 Y hablando de todo un poco, es increíble lo hermosa que se ve la vida cuando estamos bien con nosotros mismos. Ayer  experimente realmente que no necesito de una pareja para ser feliz y estar satisfecha. Descubrí por primera vez lo que es estar feliz sola, recordando pero mirando hacia adelante. Se necesita gente para compartir la felicidad pero no para ser feliz. Y en definitiva, el amor es compartir (con uno y con el otro).
- Kate, soltera, 42 años. Estados Unidos. 
¿Preguntando llegaremos a la episteme (esencia) de la magia?
No es la primera vez que viajo pero se siente diferente. ¿Sera así la Vida?
Cada día me sorprende más! Todo va cambiando y, a medida que uno crece vuelve a vivir experiencias similares de maneras muy distintas. ¡Qué hermoso! Nunca dejamos de aprender…. Ahora entiendo.
Son las 10:22 am, aeropuerto de Carrasco, Montevideo, Uruguay. Nunca escribí nada en mi vida y estoy improvisando ya que no funciona el wifi y, en estos tiempos modernos si no estás en internet… ¿estás escribiendo? Bueno eso es lo que quiero probar.
Tengo dos señoras frente a mí con tres libros. Una le lee a la otra en voz alta, ¡Que belleza! Compartir. Son esas pequeñas cosas que te llenan el alma; leer una frase e ir más allá de ella con un simple movimiento de cabezas, conectando miradas.
Conexiones. ¿Cuán fuerte se pueden conectar dos almas que con solo decir “uy, me acorde de…” y sin siquiera terminar la frase la otra persona ya se está riendo o respondiendo? ¿Qué es eso? ¿Cómo se hace? ¿Se podrá lograr con todos?
Me pregunto si con un desconocido, desde algún lugar, ¿se puede llegar a tal conexión o hay que con conocerse aunque sea un poco? Y si las dos almas se conocen desde hace cientos de años, ¿Será que llegan a esta conexión aunque se crean desconocidos?  ¡Si será la vida sorprendente!
Mientras escribo esto me empezó a sangrar la nariz. ¡Qué manera tan extraña tiene mi cuerpo de manifestar su grata sorpresa al verme escribir por primera vez!
Y, como estoy en un aeropuerto es de esperar que mis palabras no tengan un orden.
¿Será cómodo viajar de tacos? ¡Me cuesta entenderlo! Seguramente no lo sea entonces, ¿por qué vivir tanto en función de los demás? Padecí tanto el ¿Qué dirán? Que hoy lo veo como algo innecesario, un estorbo para ser feliz.
Y pensar que hace seis meses atrás yo me veía o mejor dicho, me definía, tan diferente de lo que lo hago hoy en día; desde los ojos de los demás, ¿Quizá?
Vuelvo entonces a la afirmación inicial: ¡Todo cambia! La vida no deja de sorprenderme.
Estoy notando que al escribir me hago muchas preguntas y, valga la redundancia, me lo cuestioné. Pero sólo encontré como respuesta algo que leí una vez, “lo mágico en la vida es realizar preguntas no responderlas”.
Seguiré sintiendo la magia entonces. ¿Donde, además de haciendo preguntas, encontramos dicha belleza? Seguro que en algo material, ¡jamás! Al hablarle a alguien mal tampoco. ¡¡Y en que tema me metí!! Cada día me asusto más de la gente. Siento por dentro un alma tan tranquila, armoniosa y llena de amor que ver a la gente malhumorada, respondiendo mal, con caras de desesperación ¿O tristeza? Me preocupa.
¿Cómo hacen? ¿Cuán perdidos y lejos se puede llegar a estar de la vida misma?
Si la magia la encontráramos por teléfono o en internet seguro estaríamos (digo estar diferenciándolo de ser) todos felices. Primera fila en el tren expreso a la autorrealización. Pero creo que ya saben la respuesta… ¡Qué tristeza!
¿Será que tanta tecnología, materialismo, consumismo, drogas, excitación, nos estresa? ¡Qué difícil vivir así! … ¡Con razón!
¿Cómo encontrar el amor si estamos estresados, pre-ocupándonos por hechos irrelevantes? ¿Acaso nos preocupamos porque el océano está lleno de basura y luce feo?
 Que feo es ver a alguien enojado, animales lastimados; que feo ver violencia física, porque ni hablemos de la verbal. Pero ¿Qué haremos con todo esto?
No es fácil cambiar el mundo cuando él a su vez no frena ni un segundo. ¿Cómo parar algo que vuela tan rápido que ni llegamos a verlo?
Y los niños nacen y ven esto como algo normal. ¡Urgente!, ¡Enseñémosle otras cosas! Construyamos escuelas donde los valores sean el respeto, amor, familia, tolerancia; sin drogas, amargura, hipocresía, agresividad. Mostremos el valor de la naturaleza, del compartir,  del cambiar, del adaptarnos, de la diversidad.
Aclaro, no creo que enseñar sea leer un cuento y armar una cartulina para una clase, sino VIVENCIAR los aprendizajes. ¿Queremos que los niños aprendan que es compartir? Mostrémosle que feo se siente estar con alguien egoísta. Si queremos que vean que la agresión lastima, demostrémoselo directamente; que vean más allá de los letreros, que vean como se es feliz si se elige al amor como camino. Pero para esto primero debemos cambiar los grandes, y así ser un ejemplo para los pequeños. Somos el ejemplo de nuestros niños, y ellos aprenden imitándonos (aprendizaje vicario). Esto no se debe hacer por un día, ni dos, ni tres, ni cien, sino todos los días de la vida. Los grandes deben enseñarles a los pequeños, y los adultos deben hacerlo entre ellos. ¡Los pequeños saben enseñarle a los grandes también!, Y mucho. Porque, ¡que grandes maestros son los niños! ¿Por qué no los imitamos más seguido?
Si hablamos de Niños mi sensibilidad se estremece y no siento más que tristeza al ver que las personas adultas perdemos mucho esa magia que solo se encuentra en la ventana de los ojos de la inocencia.
 ¿Vivir en el 2012 es vivir con los ojos cerrados o será que estamos empezándolos a abrir? De la última idea me querría aferrar, pero no sabría que responder. Es difícil creer que estamos comenzando a ver la luz de la vida si vemos puras noticias de accidentes, drogas, robos, atentados. ¿Tan malos fuimos en nuestras vidas pasadas? Karma.
Descubrí el otro día que me gusta bailar, y que no lo hago para nada mal. Recibir halagos siendo principiante, ¡Esta bueno!
Me hizo sentir tan feliz; expresarme libremente sin el ¿Qué dirán?, sin buscar la atención de nadie, más que el conectarme con mi cuerpo para liberar pasión, armonía, energía, goce y sudor. ¡Qué belleza! Pocas veces me sentí así en mi vida, y el placer fue tal que quiero sentirlo de ahora en más diariamente. Conectarme con la Madre Tierra a través de los pies y movimientos corporales, se ha dicho!
¡Lo encontré! ¿Se podrá decir te quiero al arte? Yo digo que sí. ¡Te quiero!
- Futura Gran Escritora, Francesca. Aeropuerto de Carrasco, Uruguay. 2012.