Es importante saber dónde estás en cada momento. Justo aquí está el equilibrio perfecto. El encuentro de cielo y tierra. No demasiado dios, no demasiado egoísta, de otra forma la vida se vuelve una locura. Si pierdes equilibrio, pierdes poder.
Si pudieras despejar todo ese espacio que ocupas en tu mente por obsesionarte con esta persona tendrías una puerta y ¿sabes qué haría el universo al verla? Colarse. Se colaría y te llenaría del amor que jamás hayas podido conocer.
Trabaja la mente, es lo único que deberías de controlar, porque si no puedes controlar tus pensamientos estarás en problemas por siempre.
Es como una vieja herida, como un desengaño amoroso al que te aferras, por el placer del dolor.
Si quieres llegar al castillo, tienes que cruzar el foso.
Nos conformamos con vivir infelices porque nos da miedo el cambio y que todo quede reducido a ruinas.
Para hallar el equilibrio que buscas debes tener los pies tan firmemente plantados en la tierra que parezca que tienes cuatro piernas en lugar de dos. De este modo podrás estar en el mundo. Pero debes dejar de mirar el mundo con la mente. Tienes que mirarlo con el corazón. Así llegarás a conocer a Dios.
El equilibrio es no dejar que nadie te quiera menos de lo que te quieres tu.
No necesito quererte para demostrarme que me quiero a mi misma.

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